NosotrAs: Comentarios de mujer

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Los discursos negacionistas usan los avances de las mujeres como excusa para dejar de hablar de desigualdad

NosotrAs: Comentarios de mujer

“Qué bueno que no vino Ari y sus comentarios de mujer” fue el comentario que uno de mis compañeros de la maestría emitió cuando falté. No me molestó que se alegraran de mi ausencia. Me hizo ruido, más bien, la expresión con la que hacían alusión a mis comentarios... de mujer.

Sabía, por la naturaleza de mi investigación y mis intereses personales, que se referían a los comentarios que hacía sobre feminismo y género. La mayoría de ellos creía que mi investigación —centrada en el análisis de personajes femeninos— no tenía relevancia y que era un tema que no encajaba con el purismo de la literatura al que estaban acostumbrados.

Este discurso no era aislado. Continuamente se oían comentarios de la misma índole. En una ocasión, un compañero expresó que “en estos tiempos no se puede hablar de desigualdad de género” y, para ejemplificarlo, contó una anécdota: cierto día fue con una cardióloga cuya consulta costó 1000 pesos mexicanos. Su conclusión fue: “si antes las mujeres ni siquiera podían estudiar medicina, y ahora hasta cobran eso, significa que ya no debería existir el feminismo”. Era común, entonces, el negacionismo de la desigualdad de género.

Su discurso, como los otros que oímos a diario, proviene de una imperante necesidad de separar el pasado del presente y asumir que los derechos por los que lucharon los movimientos feministas “de antes” ya están garantizados.

Rosario Castellanos, lúcida escritora mexicana, al reflexionar sobre la mujer en la educación, expresaba que existe una gran brecha entre lo que proclaman las leyes y lo que dicta la tradición (Castellanos, 2003). En el caso de la actualidad, el que se aprueben legislaciones que sancionan la violencia de género no significa que este fenómeno disminuirá, ni mucho menos que desaparecerá.

Sobre esto, Pierre Bourdieu, sociólogo que desarrolló la teoría de la dominación masculina, sentenciaba que la perduración de esta violencia radica en su naturalización. Estos mecanismos de poder han estado tan inscritos a lo largo de los siglos que la psique humana los percibe como naturales, al punto de que no solo se encuentran en las aulas, sino que permean en la publicidad, los productos culturales y los lugares de trabajo (Bourdieu, 2000).

Sería un grave error considerar estos discursos como banales o de nula importancia. Dichos argumentos fueron rescatados de aulas universitarias de las que saldrán futuros investigadores y docentes, lo cual implica la transmisión de discursos negacionistas y con escaso sustento teórico e histórico. No son simples chistes ni comentarios. Son más que eso. Nunca son, entonces, solamente comentarios de hombres.

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Ariadna Chávez
Doctorante en Humanidades por la Universidad de Guadalajara. Su investigación se centra en literatura escrita por mujeres y la configuración de personajes femeninos. Ha participado en diferentes coloquios y congresos en la Universidad de Guadalajara, la Universidad Iberoamericana, entre otros.
Es promotora de lectura. Creadora del club de lectura Morras Leen Morras, el cual consiste en visibilizar la literatura escrita por mujeres. Es co-fundadora de la editorial independiente Otros Modos que se dedica a publicar literatura escrita por mujeres.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.