NosotrAs: Crear sin soltarnos
Las mujeres artistas saben cuidar procesos, ideas y posibilidades. El desafío comienza cuando ese cuidado necesita volver hacia una misma
Las mujeres artistas saben crear. No solo obras, no solo proyectos: crean procesos, sostienen ideas, acompañan lo que aún no existe hasta que toma forma.
Esa capacidad no es menor. Es una forma profunda de atención, paciencia e insistencia. Es, en muchos sentidos, una fuerza parecida a la de maternar: cuidar algo incluso antes de que sea visible, creer en ello cuando todavía es frágil, sostenerlo en sus momentos más vulnerables.
Pero esa misma fuerza casi siempre se dirige hacia afuera.
Se cuida la obra, el proceso, a otras personas, las oportunidades. Se protege la idea, se le da tiempo, se le permite crecer. Se tolera su incertidumbre, sus pausas y sus cambios. Se le acompaña hasta que finalmente se convierte en algo real.
Y, sin embargo, pocas veces ese mismo cuidado se vuelve hacia quien crea.
Ahí es donde muchas veces el proceso se rompe.No por falta de talento ni de visión, sino porque la exigencia reemplaza al cuidado. Porque se espera inmediatamente lo que en otros procesos se entiende como lento. Porque se abandona justo cuando más acompañamiento hace falta.
¿Qué pasaría si esa capacidad de maternar se dirigiera hacia una misma?
Si el proceso propio recibiera la misma paciencia.Si el error no fuera motivo de abandono, sino parte del crecimiento.Si la artista se sostuviera a sí misma con la misma determinación con la que sostiene todo lo demás.
Ahí es donde el potencial cambia.
Porque una mujer que crea y que además aprende a no soltarse tiene la posibilidad de llegar hasta las últimas consecuencias de lo que es capaz de hacer. No se detiene en la incomodidad, no se pierde en la duda: atraviesa.
Y atravesar transforma.
No se trata de hacer más, ni de exigirse más.Se trata de sostenerse distinto.
De reconocer que esa fuerza que ya existe —esa que cuida, que insiste, que permanece— también puede ser dirigida hacia adentro. Que la creación no solo necesita disciplina, sino también ternura. Que el proceso no solo requiere trabajo, sino compañía, incluso propia.
Porque cuando una mujer artista deja de abandonarse, su obra también cambia.Se expande.Se vuelve más honesta, más profunda, más libre.
Y entonces crear deja de ser solo un acto hacia el mundo, y se convierte también en una forma de no soltarse nunca más.