NosotrAs: ¿Cuándo somos suficientes?

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A veces, cambiar el cuerpo, acumular logros y cumplir expectativas tampoco parece suficiente

NosotrAs: ¿Cuándo somos suficientes?

Durante mucho tiempo creí que mi cuerpo era el problema. Pesaba más de 130 kilos y, como muchas mujeres, aprendí que nuestro cuerpo puede convertirse en una “carta de presentación”. Antes de que alguien conozca lo que pensamos, hacemos o sabemos, muchas veces lo primero que se juzga es cómo nos vemos.

Detrás de cada cuerpo hay una historia y en la mía hubo un momento en que pensé que cambiar mi cuerpo podía cambiar mis oportunidades. Me sometí a una cirugía bariátrica con la esperanza de que, después de perder peso, finalmente podría acceder a la plaza universitaria que deseaba, pero no ocurrió así.

Después de la cirugía desarrollé anemia y, paradójicamente, esa condición se convirtió en una de las razones que señalaron para no ser considerada apta. Había cambiado mi cuerpo para cumplir con un estándar y, aun así, no fue suficiente.

Estudié, obtuve grados académicos, construí una trayectoria como investigadora y cumplí con estándares profesionales. Obtuve el reconocimiento del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores. Sin embargo, descubrí algo incómodo: siempre podía aparecer un nuevo requisito, una nueva expectativa, una nueva manera de demostrar que era suficiente.

Y no soy la única que ha experimentado esa sensación. Un estudio que analizó a 18 mil 799 investigadores del Sistema Nacional de Investigadores encontró diferencias de género en las trayectorias académicas: aunque las mujeres mostraban mayor productividad, tenían menor probabilidad de avanzar hacia niveles superiores; el 13 % de ellas alcanzó el Nivel 2, frente al 22 % de los hombres.

Entonces tuve que preguntarme: ¿cuánto tiene que hacer una mujer para que finalmente dejen de pedirle que demuestre su valor? La respuesta no llegó con otro título ni con otro reconocimiento. Llegó cuando entendí que también necesitaba cuidar de mí, de mi salud mental.

Busqué ayuda psicológica, aprendí mindfulness y otras prácticas integrativas y complementarias, a reconocer mis emociones, a escuchar mi cuerpo y a entender que la resiliencia no significa soportarlo todo en silencio. Pedir ayuda también puede ser una forma de resistencia.

Hoy investigo, enseño y comparto sobre salud mental, porque primero tuve que aprender a cuidar la mía. No cuento esta historia para decir que todo se supera con voluntad. La cuento porque durante mucho tiempo creí que tenía que cambiar mi cuerpo, acumular méritos y demostrar mi capacidad para merecer un lugar.

Entonces entendí que no era mi cuerpo el que tenía que demostrar nada, ni mi vida debía convertirse en una prueba permanente para demostrar que yo era suficiente: porque quizá cuidarnos también significa dejar de vivir intentando demostrar que lo somos.

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Dra. Edna Idalia Paulina Navarro Oliva
Soy hija, hermana, nieta, amiga y compañera; soy una mujer que ha aprendido de sus propias experiencias. Posdoctora en Enfermería Psiquiátrica e investigadora en salud mental. Mi trabajo se centra en mindfulness, inteligencia emocional y prácticas integrativas y complementarias para el cuidado de la salud. Soy docente de la Facultad de Enfermería y Nutrición “Dr. Santiago Valdés Galindo” de la Universidad Autónoma de Coahuila. Pertenezco al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, Nivel I; al Sistema Estatal de Investigadores de Coahuila, Nivel Honorífico, y cuento con perfil PRODEP.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.