NosotrAs: El amor y el dolor de las madres buscadoras

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Mientras se destinan recursos millonarios para el espectáculo del fútbol, las madres buscadoras continúan enfrentando solas una de las crisis de derechos humanos más dolorosas del país

15 junio 2026
NosotrAs: El amor y el dolor de las madres buscadoras

El tema de las madres buscadoras y las personas desaparecidas es una cuestión que, en lo personal, me parte en mil pedazos. Madres buscando a sus hijas e hijos, de quienes no han recibido noticias desde hace tanto tiempo, sin apoyo real por parte del Estado mexicano, por decirlo de una manera amable, pues en realidad es el Estado el sujeto obligado número uno en proteger y garantizar nuestros derechos humanos de acuerdo con nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Observarlas portar las playeras con los rostros impresos de sus familiares desaparecidos y sujetando un pico o una pala con sus manos es una imagen que a todas las personas nos debería doler, nos debería indignar. Ninguna persona, ninguna madre, merece pasar por una situación así. Y menos solas.

Las madres buscadoras son un grupo de personas que se encuentra en extrema vulnerabilidad, en extremo peligro, en extremo riesgo... y también en extremo olvido y repudio por parte del aparato estatal, así como también de una buena parte de la sociedad civil. Es el grupo de personas que nunca debió existir.

La crisis de las personas desaparecidas y no localizadas representa una fisura importante en la represa —si viéramos al Estado como tal—. Una fisura que provocará el colapso de la estructura entera. Esta fisura es la representación de una de las violaciones más graves en materia de derechos humanos. Es una vulneración que nunca fenece, nunca caduca. Esta violación sigue “viva” hasta que la persona aparezca con vida... o, en su defecto, sus restos, o, al menos, un huesito (como ellas refieren).

La desaparición de un familiar —llámese hija, hijo, padre, madre, hermana, hermano, amistad— es una herida que nunca cicatriza, es una cuestión que no sana, sino que se aprende a vivir con ella. Una persona que tiene que aprender a vivir con una herida abierta, aprende a vivir también sin la dignidad humana que le corresponde, y es precisamente obligación del Estado evitar que esto suceda y, cuando falla en esta responsabilidad, es su obligación reparar este daño, si es que algo así puede llegar a ser reparado.

Las madres buscadoras necesitan de nuestra empatía, de nuestra atención, de nuestra compañía y, sobre todo, de nuestro apoyo. Las madres buscadoras necesitan un Estado que sí funcione, un Estado que sí las acompañe, que sí garantice sus derechos humanos, su dignidad y su integridad, como mínimo. Las madres buscadoras necesitan a sus hijas e hijos de regreso.

Ahora, con el torneo mundialista, podemos observar que, en efecto, sí hay presupuesto para eso y más. Por lo tanto, la búsqueda de personas desaparecidas no es un tema de austeridad o falta de recursos —ni económicos ni humanos—, entonces: ¿será una cuestión de falta de humanidad? ¿de empatía? ¿de interés? Por favor, que alguien me explique.

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Verónica Cerrillo Aguirre
Mamá, abogada especialista en derechos humanos, profesora universitaria en la UANL y activista feminista. Cree en el poder de la educación como herramienta de transformación social y en la necesidad de construir conversaciones que incomoden, cuestionen y abran caminos hacia una sociedad más justa, empática y plural. En su cuenta de TikTok divulga contenido sobre derechos humanos, dignidad humana y feminismo.

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