NosotrAs: El camino del cangrejo rosa
Un diagnóstico de cáncer transforma el cuerpo, las certezas y los planes de vida, mientras abre un camino de pérdidas, decisiones y aprendizajes
¿Soy digna de escribir sobre el cáncer de mama? Mi respuesta inmediata fue no, pero heme aquí. ¿Qué hace que una experiencia sea suficientemente dolorosa para merecer ser contada?
Escribo mientras me preparo para mi cita de seguimiento con el oncólogo. Frente a mí hay dos calabazas de peluche porque es octubre. Como casi todos los días, me duele la “buba”, el apodo que le di a mi mama derecha desde que, a mis 36 años, me diagnosticaron carcinoma invasivo sensible a hormonas.
Soy una aprendiz. En seis meses he descubierto un mundo que no tenía previsto conocer. Siempre es bueno ir al origen: cáncer proviene del griego karkinos, cangrejo. Me río al saber que Hipócrates comparó las venas alrededor de algunos tumores con sus patas. En mi caso, el informe habló de invasión perineural: células cancerosas alrededor de nervios. Ahí estaban, pensé, las patas de mi cangrejo.
Dar pasos de cangrejo. El cáncer es un camino lateral. A veces no se distingue lo que queda atrás ni lo que viene adelante. El mío comenzó con una bolita. El 18 de marzo de 2026 fui a un ultrasonido, convencida de que no habría de qué preocuparme. Vinieron una mastografía, una biopsia y palabras que hasta entonces pertenecían a otras vidas.
En abril me operaron y conservé mi pecho. Después llegaron quince sesiones de radioterapia. No necesité quimioterapia, pero sí tomar decisiones sobre una posible maternidad. Gasté más de cien mil pesos en una prueba para orientar el tratamiento y hoy vivo una menopausia inducida. Mis ovarios fueron puestos a dormir. Junto a mis amistades, familia y novio hicimos un mercadito para pagar una respuesta. Nunca había sido tan consciente del privilegio económico que tengo. ¿Qué pasa con quienes no pueden?
Me hablaron de un proceso de al menos cinco años. Han pasado apenas seis meses.
¿Es una pérdida ambigua? Pienso que sí. Este proceso conlleva que algo tenga una mezcla de presencia y ausencia a la par. Desde hace años trabajo con familias de personas desaparecidas, y aunque no equiparo nuestras experiencias, porque una desaparición tiene una violencia y una dimensión social propias, la incertidumbre y el carácter continuo de la enfermedad me hacen pensar en ello. Mi cuerpo está aquí, aunque varias de sus posibilidades han cambiado. Conservo mi pecho, pero me duele. Sigo haciendo planes, aunque ya no puedo imaginar el futuro del mismo modo. ¿Cómo se hace duelo por algo que permanece y, sin embargo, ya no es igual?
Hoy, Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, representado por el color rosa, vuelvo a mi primera pregunta. No necesito haber sufrido más ni demostrar valentía para escribir. Escribo por quienes ya no están, por otros cangrejos como el de Noé, el de Irma y el de Priscy, por ser la cuarta en mi familia, por quienes atraviesan otros caminos y porque sigo aprendiendo a caminar en el mío aunque sea a paso de cangrejo.
@ellaeselizabeth