NosotrAs: El costo de ser normal

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Durante años, la detección del autismo se construyó desde lo masculino, empujando a las mujeres a un limbo de diagnósticos erróneos sostenidos por estereotipos

1 abril 2026
NosotrAs: El costo de ser normal

Ale asiste a evaluación a sus 51 años, por primera vez, porque tiene ansiedad, depresión y trastornos del sueño. Batalla para concentrarse, es intolerante y tiene varias afecciones asociadas con estrés crónico. Batalla para comunicar emociones y tiende a hablar de lo mismo, con tanta intensidad, que los demás se abruman o aburren. No logra seguir una conversación si el tema se sale de sus intereses. Cuando se emociona, como al dar clases, camina de puntas. Tiene problema con las texturas y el ruido. Aunque está casada, vive sola. Tiene una amiga a la que ve poco. Ale recibió el diagnóstico y dijo sentir alivio cuando escuchó autismo.

Desde primaria se sentía fuera de lugar: incomprendida, sin amistades, con fuertes crisis emocionales y conductuales. Batalla para adaptarse en el trabajo y recurre a una persona con quien se siente en confianza para relacionarse, a través de ella, con todos los demás. Llega a casa, después de una jornada de “actuar” como supone se espera de ella. Literalmente, actuar. De forma inconsciente ha aprendido a imitar gestos, repetir expresiones verbales (que a veces no entiende) y a simular conductas sociales para encajar en un mundo “neurotípico”. Esto se llama “masking” o enmascaramiento. En el silencio de su hogar se pone a hacer el trabajo administrativo que no hizo en su oficina. No logra concentrarse por el ruido, la cantidad de personas, olores de comida y de adolescentes, llamadas, timbre escolar, documentos acumulados, desorden.

En el diagnóstico de los Trastornos del Neurodesarrollo en general, y en el autismo en particular, existe una brecha por sexo. A las niñas se las educa para ser complacientes, empáticas y sociables. Y si no cumplen estas normas son corregidas más rápido que un niño, lo que las obliga a perfeccionar su máscara desde la infancia. Los criterios clínicos del autismo se basaron históricamente en perfiles masculinos, dejando a las mujeres en un limbo de diagnósticos erróneos: depresión, ansiedad, trastorno límite de la personalidad.

Las consecuencias podrían parecer irrelevantes, pero muchas mujeres sufren de un agotamiento crónico por el esfuerzo cognitivo de procesar cada interacción social. No logran desarrollar su identidad y presentan otros problemas de salud mental, como trastornos del estado de ánimo, de alimentación y del sueño.

Las cifras se han ido modificando y nos encontramos en un cambio de paradigma. Las estadísticas iniciales mostraban una relación de 4 hombres por 1 mujer; en 2017, las cifras se actualizaron a 3 hombres por 1 mujer (Loomes et al., 2017). En las personas con autismo nivel 1, la relación aumenta a 10 hombres por 1 mujer, lo que sugiere que las mujeres en este grupo se camuflen y no reciban el diagnóstico correcto.

No se trata solo de que las mujeres se diagnostiquen, sino que la sociedad deje de exigirles una hiper-adaptación para ser respetadas. El diagnóstico, más que una etiqueta, debe indicarnos el camino, debe sugerir qué nudos desatar para que todas las niñas y mujeres puedan crecer y desarrollarse de forma genuina e integral, sin costo extra.

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Liliana Contreras Reyes
Psicóloga enfocada en la atención a los Trastornos del Neurodesarrollo. Cuenta con una Maestría en Planeación y un Doctorado en Ciencias de la Educación. Máster en Neuropsicología y Educación. Certificación en evaluación, ADI-R y ADOS-2. Desde el 2002 inició a laborar con niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje. Es fundadora de Kua’nu, S. C. y del Instituto Alebrije.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.