NosotrAs: El deber ser y poder elegir
La libertad también consiste en elegir sin que un viejo mandato sea sustituido por uno nuevo
—Entonces, ¿el feminismo quiere que ninguna mujer sea ama de casa?
Me han hecho esta pregunta más de una vez y siempre parece necesitar una respuesta de sí o no, pero me deja pensando en lo extraño que resulta tener que defender el derecho de una mujer a elegir.
Durante mucho tiempo se nos dijo lo que una mujer “debe” ser. Después, como reacción, pareciera que necesitamos demostrar nuestro feminismo haciendo exactamente lo contrario. Cambiamos un molde por otro, dejamos de hablar de elección y comenzamos a hacerlo una obligación.
Creo que hemos confundido una cosa importante: luchar contra los estereotipos no significa prohibir las decisiones que alguna vez nacieron de ellos.
En mi familia siempre se ha hablado de mis “responsabilidades” como mujer, pero al mismo tiempo se me presiona para tener una carrera, trabajar y ser independiente, no se espera de mí una u otra, sino ambas. ¿Cuándo se nos empezó a exigir que cumpliéramos con todo al mismo tiempo? Ya no basta con elegir un molde, ahora hay que demostrar que se puede con los dos, pero si fallas en cualquiera de ellos, alguien tendrá un comentario listo para señalarte.
La emancipación tampoco consiste en ocupar todos los espacios a la vez, porque el valor de una mujer no se mide por la cantidad de roles que puede sostener sin quebrarse. Nos han vendido un discurso de empoderamiento que termina arrebatándonos la libertad real de escoger qué queremos hacer y ser.
Quizá por eso también deberíamos preguntarnos cuánto de nuestras decisiones nos pertenece realmente, para así reconocer que ninguna elección ocurre en el vacío. Crecemos escuchando ideas sobre lo que significa ser una “buena” mujer, una mujer “exitosa”, una mujer “realizada”, y muchas veces terminamos persiguiendo esas definiciones antes de preguntarnos siquiera si son las nuestras.
No se trata de encontrar una decisión completamente libre de influencias, porque probablemente eso sea imposible. Se trata de que podamos reconocerlas y, aun así, decidir qué hacer con ellas.
Elegir siendo mujer es un acto de rebeldía que molestará a alguien, por eso la verdadera conquista del feminismo tendría que ser ampliar un abanico de posibilidades y luego apartarse para que cada mujer decida sin tener que dar explicaciones ni justificar su decisión. Mientras sigamos midiendo el valor de las mujeres según cuánto se alejan o se acercan a un estereotipo —viejo o nuevo—, seguiremos atrapadas en la misma lógica que decimos combatir: la de imponer un “debe ser”.
Lo único que, como mujer, tengo la obligación de ser, es fiel a mí misma.