NosotrAs: El feminismo
que ya no es (parte I)
¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo blanco? De una narrativa que nombra la igualdad mientras deja intactas las jerarquías, incluye a algunas y olvida a muchas, y vuelve la disrupción en un discurso cómodo
El feminismo representa, para muchas, un concepto difuso y una práctica poco clara que nos enfrenta a diario con nosotras mismas y con la existencia de todo lo que pueden ser las otras.
Es imprescindible recordar que, desde la teoría política, el feminismo es un movimiento social encarnado en pensamiento crítico que estudia, cuestiona y pretende desmantelar la estructura que ha instalado y validado la dominación patriarcal y, en consecuencia, la desigualdad por motivos de género. Incluso desde la concepción más apegada a la normatividad científica, el feminismo tiene el propósito de generar una ruptura en la infraestructura de la organización social que permita un efectivo cambio en las dinámicas del poder y las relaciones institucionales y personales.
Desde la perspectiva histórica, el feminismo es la herramienta social y política que han utilizado muchas mujeres para luchar y alcanzar el reconocimiento y pleno goce de sus derechos; pero no es preciso decir que un feminismo, como si fuera un cúmulo ideológico perfecto, ha logrado un avance para las mujeres, como si fueran un concepto de existencia universal y homogénea.
En evidencia tenemos el movimiento de las mujeres sufragistas, que fue una lucha exclusiva para las mujeres blancas propietarias y privilegiadas quienes procuraron instalarse dentro del sistema electoral más allá de cuestionar la segregación de los habitantes de un territorio para clasificarles como ciudadanas de primera o de segunda.
Esta práctica rapaz que redistribuye el poder para incluir solo a algunas mujeres en las estructuras preexistentes es contraria al más básico objetivo de los feminismos: alterar la dinámica de mando. La incapacidad natural del estado para ejercer el feminismo de la disrupción convierte una postura política de resistencia en una tendencia mercantilizable de playeras y termos que te regala la misma institución que gaseó infancias y detuvo mujeres ilegalmente el 8M del 2025 en Saltillo. Esto puede nombrarse como blanqueamiento del feminismo: transformar la exigencia al estado de respeto, garantía y protección de derechos humanos de las mujeres en un discurso de mejora personal, echaleganismo y oportunidades vagas e inalcanzables de acceder a puestos de poder que funcionan igual que todas las mecánicas patriarcales, a través de la violencia.
Esta tendencia de las oprimidas a perpetuar el estado de las cosas en beneficio de los opresores y además competir por ocupar los mismos lugares donde se generan las imposiciones legales, sociales y culturales que limitan a las mujeres, ha sido muy bien aprovechado por el estado.