NosotrAs: El lugar que también es nuestro

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Ser mujer en un ambiente masculinizado no significa tener que demostrar que merecemos estar ahí, sino reconocer que nuestra capacidad no necesita justificación

NosotrAs: El lugar que también es nuestro

Hay espacios en los que una aprende a entrar antes de preguntarse si pertenece.

El mío ha sido, durante años, una planta industrial.

Soy ingeniera y trabajo en el sector automotriz, un mundo que todavía suele imaginarse con rostros masculinos: cascos, botas, máquinas, líneas de producción, herramientas, reuniones técnicas. Un mundo donde las mujeres hemos ido ocupando espacios que durante mucho tiempo no fueron pensados para nosotras.

Y estar ahí también ha sido una forma de resistencia.

No necesariamente una resistencia ruidosa. A veces resistir es simplemente presentarse a una junta, tomar la palabra, defender una decisión técnica, asumir un proyecto, equivocarse, aprender y volver al día siguiente.

Es no permitir que nuestra presencia sea interpretada como una excepción.

Con el tiempo entendí que ser mujer en un ambiente masculinizado no significa tener que demostrar permanentemente que merecemos estar ahí. Significa reconocer que nuestra capacidad no necesita una justificación adicional por estar acompañada de un cuerpo de mujer.

Pero también he aprendido que abrir camino no debería significar caminar solas.

Por eso pienso en las mujeres que vienen detrás de nosotras. En las niñas que quizá todavía creen que ciertas profesiones “son para hombres”. En las jóvenes que entran a una carrera de ingeniería y buscan, entre salones llenos de compañeros, a alguien que se parezca a ellas. En quienes alguna vez dudaron de su voz porque alguien les hizo creer que hablar con seguridad era ser “mandonas”, que liderar era ser “intensas” o que aspirar a más era pedir demasiado.

Necesitamos más mujeres ocupando esos espacios, sí. Pero también necesitamos transformar los espacios para que no tengan que endurecerse para sobrevivir en ellos.

Yo también soy ingeniera fuera de la planta. Soy emprendedora y socia de Experiencias by Tureygua, un proyecto que me ha permitido descubrir otras formas de crear, liderar y construir comunidad. Y soy escritora, porque también creo que hay una manera profundamente política de ocupar la palabra: contar nuestras historias, nombrar lo que vivimos y dejar registro de que estuvimos aquí.

Durante mucho tiempo nos enseñaron a elegir.

La profesión o la sensibilidad. El liderazgo o la ternura. La ingeniería o el arte. La empresa o la escritura.

Yo ya no quiero elegir.

Quiero ser todas las mujeres que puedo ser.

Porque quizá una de las formas más poderosas de abrir camino es dejar de preguntarnos si tenemos permiso para ocupar un lugar y comenzar a preguntarnos qué podemos transformar desde él.

A las mujeres que están entrando por primera vez a un espacio donde sienten que son pocas: no están solas.

A las que todavía dudan de si pertenecen: sí pertenecen.

Y a las que ya llegaron: hagan espacio.

Que la siguiente no tenga que preguntarse si puede estar ahí.

Que simplemente llegue, se siente, levante la voz y sepa que ese lugar también era suyo.

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Kathya Eloisa Hernández Flores
Ingeniera en Tecnologías de Información y Comunicación y cuenta con una maestría en Gestión de Proyectos. Se ha desarrollado profesionalmente en el sector industrial y automotriz, participando en proyectos de ingeniería y procesos de manufactura. Es emprendedora y socia de Experiencias by Tureygua, proyecto enfocado en crear experiencias de naturaleza, cultura y comunidad. También es escritora, participante en diversas antologías y autora de proyectos literarios independientes. Apasionada por la danza, encuentra en el movimiento otra forma de expresión, libertad y encuentro consigo misma. Escribe desde la intersección entre lo profesional, lo creativo y la experiencia de ser mujer.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.