NosotrAs: Habitar la transformación
El embarazo transforma el cuerpo, los miedos, las certezas y la manera de mirar el mundo mientras una mujer aprende a habitar una nueva versión de sí misma
Eje 1: Experiencias de mujeres en lo cotidiano o lo extraordinario.
¿Qué significa habitar un cuerpo que está cambiando? ¿Qué hacemos con nuestros miedos cuando ya no podemos controlar todas las transformaciones? ¿Puede la vulnerabilidad ser también una forma de conexión con la vida?
La vulnerabilidad se vive más de cerquita cuando una está en expansión interna y externa. Encontrarme creando vida dentro de mí me ha llevado a reflexiones profundas que quizá solo en este estado puedo llegar a comprender.
Habitar un cuerpo que pasa por una transformación total y, al mismo tiempo, ser testigo de una de las maravillas más extraordinarias de la naturaleza es algo inexplicablemente maravilloso y, a la vez, retador.
Mi cuerpo ha cambiado, pero no solo mi cuerpo. También se han transformado mis miedos, mis inseguridades, mis alegrías, mis anhelos y hasta la forma en la que percibo el mundo.
Tantos cambios en tan solo nueve meses.
Hay días en los que me miro con algo de nostalgia y admiro una versión de mí que no conocía. He aprendido que cambiar también implica despedirse un poco de quien eras para hacer espacio a quien estás comenzando a ser, una transformación anhelada, pero con una sensación inevitable de duelo por despedir versiones o etapas del pasado. La idea de intentar tener el control sobre todo se experimenta como algo descabellado, porque hay cosas que simplemente no dependen de mí. No puedo controlar cada cambio, cada sensación, cada miedo ni saber exactamente cómo será lo que viene.
Quizá no se trata de dejar de sentir miedo, sino de aprender a habitarlo.
De entender que puedo sentir incertidumbre y, aun así, avanzar. Que puedo sentirme vulnerable y no por eso ser débil. Que también existe fuerza en permitirnos sentir, en reconocer que no tenemos todas las respuestas y en aceptar que hay procesos que necesitan ser vividos, no controlados.
Esta etapa me ha enseñado a admirar mi cuerpo y mi mente aún más. A agradecerle por todo lo que está haciendo, por cada mágica transformación y por crear vida. También me ha enseñado que la vulnerabilidad puede ser una experiencia de poder.
Porque cuando confiamos en los procesos que no podemos controlar, aparece algo distinto: la conciencia. La posibilidad de escucharnos, de reconocernos y de conectar de una manera mucho más profunda con nosotras mismas.
Hoy valoro las transformaciones que como mujeres podemos atravesar. Valoro mi cuerpo por estar contando una historia que nunca antes había vivido, una historia de transformación, de incertidumbre, de amor y de vida. Estoy aprendiendo a habitar esta nueva versión de mí sin exigirle que sea la de antes.
Y quizá eso es lo más hermoso de todo: descubrir que, mientras yo cambio por fuera y por dentro, también estoy construyendo un nuevo hogar, uno que hoy habito con la persona más especial de mi vida.