NosotrAs: La guerra contra el espejo

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La violencia contra las mujeres no siempre deja marcas visibles. A veces se esconde en la culpa al comer, en el miedo al espejo y en la idea de que nunca somos suficientes

3 junio 2026
NosotrAs: La guerra contra el espejo

Aún recuerdo el cansancio de vivir pendiente de números. La sensación de triunfo vacío tras pasar horas sin comer y el miedo constante a cualquier alimento que pareciera “demasiado”. Recuerdo compararme con cuerpos ajenos hasta convertir cada espejo en un castigo. No podía mirar mi reflejo en las ventanas porque mi mente me convencía de que nunca sería suficiente. Eso es lo más doloroso de un trastorno alimenticio: aprender a ignorar el sufrimiento propio con tal de acercarse a una idea imposible de perfección.

La violencia no siempre llega como un golpe, a veces es una báscula que dicta si hoy tienes derecho a sonreír. Hablemos de la sangre que no llega porque el cuerpo decidió que sobrevivir es más importante que menstruar. De entrar a una tienda y que la ropa parezca decirte: “Tú no cabes aquí”, mientras la sociedad insiste en que “si te esfuerzas, lo lograrás”.

La cultura de la dieta empieza cuando una niña escucha a su madre decir que no cenará “para bajar”. Empieza cuando las amigas se felicitan por no comer. Cuando las redes sociales vuelven los trastornos algo aesthetic y aprendemos a medir los alimentos sólo por sus calorías. Nos enseñaron que ser mujer significa ocupar menos espacio: menos ruido y menos comida.

El Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) no es vanidad; es la soledad de rechazar una cena con amigas porque el miedo a las calorías es más fuerte que el amor a la compañía. Al ver fotos de cuando yo sufría un TCA, recuerdo la preocupación de maestros, los desmayos, los mareos y los días sin comer. Me veía delgada, pero a un costo demasiado alto para mi salud.

La violencia contra las mujeres no siempre deja moretones. A veces deja ansiedad tras comer pizza. Chicas masticando chicle para engañar al hambre o tomando café para no sentir el estómago vacío. Deja niñas buscando en internet “cómo adelgazar rápido” mientras todavía tienen cuerpo de infancia.

Porque un trastorno alimenticio no es vanidad, es una batalla silenciosa entre el cuerpo que pide ayuda y la mente que aprendió a asociar delgadez con valor personal.

Quiero un mundo donde las adolescentes no aprendan a desaparecer para sentirse bonitas. Donde la comida no sea un enemigo ni dejar el plato lleno sea un triunfo. Donde hablemos de trastornos sin romantizarlos y de violencia sin minimizarla. Que las niñas crezcan sin sentir que su cuerpo es un problema por corregir. Que puedan mirarse al espejo sin miedo, comer sin culpa y vivir sin pensar que deben desaparecer para merecer amor. Ni siquiera un poco.

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Nairla Castillo
Originaria de la Región Carbonífera y estudiante de la licenciatura en Derecho en la Universidad Carolina, ha construido su voz desde la experiencia y el liderazgo social. Sobreviviente de un trastorno de la conducta alimentaria. Obtuvo el segundo lugar estatal en proyecto social sobre el futuro de las adolescencias y recibió una mención honorífica en Coahuila por emprendimiento social. Su liderazgo se distingue por transformar la experiencia personal en una herramienta de conciencia, diálogo e impacto colectivo.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.