NosotrAs: La mujer detrás de la pantalla
Detrás de cada pantalla hay preparación, creatividad y experiencia, aunque el trabajo de las comunicadoras digitales todavía suele ser subestimado
Otra noche loca de sábado: tres anuncios por aprobar, dos clientes con cambios y una sesión por editar. Esa es la noche de una mujer a la que le gusta su trabajo, pero que para los demás solo tiene un “hobby” o un pasatiempo.
Durante años he dedicado mis mañanas a ser community manager, mis tardes a las relaciones públicas y mis noches a la fotografía. En algún punto olvidé que también tengo una vida después del trabajo.
Hay quienes piensan que trabajar frente a una computadora es fácil: redactar un buen post, elegir una fotografía entre cien, hacer un retoque “aesthetic” y listo. Hasta que aparece el “sobrinity manager” y termina contratando a otra agencia que cobrará el triple por algo en lo que tú invertiste, en tiempo real, un día de tu vida. Y muchas veces, sin recibir una remuneración justa.
He vivido la transformación de la comunicación tradicional a la digital: desde los inicios de Facebook, cuando dejamos atrás el zumbido de Messenger y la escritura formal, hasta incorporar emojis para dar vitalidad y cercanía a una publicación. Pero esa evolución también transformó nuestro trabajo.
Regreso entonces a aquella noche loca de sábado. ¿Cuántas horas de trabajo hay detrás de una publicación? La experiencia adquirida durante estos años muchas veces termina reducida a sueldos bajos, a hacer la tarea del redactor, diseñador, fotógrafo y corrector de estilo, para después recibir una ola de cambios sin pago. Todo mientras alguien piensa que solo eres una persona buscando viralidad en un mundo digital irreal.
La profesionalización no se alcanza únicamente con experiencia. También están la formación, la titulación, la cédula profesional, los cursos y las decisiones que nadie ve: construir una estrategia, cuidar el mínimo detalle de un diseño, corregir cambios del cliente, decidir si una fotografía será en exterior o interior, elegir el canal de comunicación y decidir si una campaña necesita medios masivos o una estrategia bien ejecutada en Google o Facebook.
Detrás de esa pantalla existe una mujer que luchó por un sueño y construyó un camino de conocimiento paso a paso. También existe una realidad: la devaluación del trabajo de las comunicadoras digitales, reflejada muchas veces en sueldos que parten del mínimo porque “solo publicas en Facebook”.
Pero detrás de esa pantalla hay un trabajo serio. No se trata de mover el mouse y dar clic. Se trata de activar la creatividad, observar, investigar, decidir y permanecer alerta incluso cuando termina la jornada. Porque en una noche loca de sábado, un error de ortografía puede costarte un cliente. Y sí, a veces ni ChatGPT lo encuentra.
Quizá el reto no sea aprender a usar mejor la pantalla, sino lograr que quienes están detrás de ella también sean vistos.