NosotrAs: las madres que no parimos
Más allá de la biología, existen maternidades que nacen del cuidado, del vínculo y de la decisión de acompañar una vida
La maternidad siempre ha sido entendida desde la biología, tanto así que en la mayoría de entornos sociales no se consideran las otras formas que existen para que se de la maternidad. En consultorios, escuelas, e incluso en algunos espacios dentro de la salud mental, las preguntas en los formularios se hacen respecto al embarazo, parto y lo que gira alrededor antes, durante y después. Pero ¿qué pasa con estas infancias que no pueden quedarse dentro de su núcleo familiar primario y con estas familias que hacen el trabajo de sostener, mantener y atender a estas infancias? Seguimos en espacios limitados, reduciéndonos en ocasiones a vivir estas experiencias como un secreto a voces, por el miedo, el desconocimiento y la presión social que puede sentirse.
En mi caso particular, mi historia de adopción inició desde temprana edad, cuando aún sin saber lo que era, me llamó. Para mí es justo eso: un llamado para brindar un hogar a quien en ese momento lo estaba buscando y, al mismo tiempo, darme la oportunidad de maternar nuevamente. Porque, lamentablemente, en nuestro país la realidad de las infancias es más difícil de lo que podemos pensar y muchas veces es más dolorosa de lo que nosotros, con nuestra edad, hemos tenido que experimentar.
De acuerdo con el último censo realizado en 2020 por el INEGI, en México existían 53 mil 862 menores de 18 años viviendo en centros de asistencia social, conocidos comúnmente como casas hogar, donde el 47.7 % representa a niñas y adolescentes siendo estas últimas de colocación prioritaria, al igual que sus contrapartes masculinos, debido a su rango de edad y características. En muchos casos, las familias brillan por su ausencia, y esto también deriva en un tema cultural y de mitos, donde persisten creencias de que, al ser grandes, no pueden adaptarse, o que no nos van a querer igual, que no se van a quedar mucho tiempo en familia. La adopción es sencilla, pero nosotros la complicamos con las expectativas y las edades que buscamos.
Monserrat Lapastora, psicóloga experta en adopción en España, menciona que, aunque un bebé en apariencia no recuerde el abandono o la separación de la madre, su cerebro sí lo hace y, asimismo, su cuerpo guarda memorias sensoriales. Así que, al adoptar o recibir un bebé, tendremos situaciones que atender, al igual que con las adolescencias.
La adopción y el acogimiento familiar son otras dos formas de maternar donde, si bien como mujeres no pasamos por un proceso de parto, sí realizamos todas las tareas que una madre presente y segura lleva a cabo con sus hijas e hijos. En la adopción existen dos madres: una que dio vida y la otra que les enseña a vivirla; cada una tiene su espacio y su lugar. Te invito a que, si sientes el llamado, tú también puedas ser ese lugar seguro que estas infancias están esperando para recuperar su voz.