NosotrAs: Las puertas que dejamos abiertas

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La confianza de otras mujeres puede transformar una trayectoria y convertirse, con el tiempo, en la oportunidad de impulsar a quienes vienen detrás

NosotrAs: Las puertas que dejamos abiertas

Me sorprendió recibir la invitación para colaborar en este espacio. Lo que no me sorprendió fue que quien me buscara fuera una mujer.

Cuando pensé en qué quería escribir, no sabía muy bien por dónde empezar. Quería hablar de lo que hago, de aquello que me apasiona, pero disfruto tantas actividades que, vistas desde afuera, algunas parecen no tener relación entre sí.

Creo que nací con mucha curiosidad. Esa curiosidad me ha llevado por caminos diversos: la actuación, la dirección, la voz, la docencia, la escritura, la imagen, la acuarela, la creación. Un tutti frutti de quehaceres que, con los años, terminó por revelar su propia lógica.

Mientras intentaba enumerarlos, reparé en algo en lo que nunca me había detenido demasiado: en los últimos años, muchas de las personas que me buscan, me recomiendan, me invitan a colaborar o confían en mí para un proyecto son mujeres.

No sé exactamente cuándo ocurrió. Simplemente me fui acostumbrando a una llamada, una nueva propuesta... y a encontrar del otro lado a una mujer que había pensado en mí. Sin percatarme, me habitué a ese nuevo privilegio.

Con los años también he descubierto que la vida posee un sentido del humor muy particular. Algunas frases que escuché alguna vez terminaron pareciéndose a pequeñas profecías, aunque fueran dichas sin la mejor de las intenciones.

Durante la carrera, una maestra me llamó tonta frente al grupo. Me dijo que solo me fijaba en lo superficial, en la apariencia. Años después terminé trabajando en el diseño de imagen de personajes y artistas. Cuando lloraba, alguna vez me dijeron que debía ser muy buena actriz. Y sí: la actuación terminó convirtiéndose en una de las cosas que más amo.

También me han dicho que soy demasiado sensible, expresiva, cursi; que me apasiono demasiado. Hoy me causan cierta gracia esos “demasiado”. Mi sensibilidad me permite conectar con otros y leer las entrelíneas de un texto; mi expresividad encontró su lugar en la voz, el cuerpo, las palabras y las emociones; y apasionarme profundamente terminó siendo parte indispensable de mi manera de crear.

A veces pienso, con una sonrisa, que la vida fue encontrando un oficio para cada uno de mis “demasiado”.

Y entonces entendí que mis distintos quehaceres no están tan alejados entre sí. Actúo, dirijo, doy clases, trabajo con la voz, escribo, dibujo, creo, comunico. En todos existe un mismo hilo: la expresión.

Con los años también aprendí a elegir. Hoy procuro que aquello a lo que entrego mi tiempo pase por un criterio muy personal: el filtro del gozo. Necesito disfrutar lo que hago, sentir curiosidad, entusiasmo y placer en el proceso. Quiero que mi trabajo también me produzca plenitud.

Y cuando miro las oportunidades que me han permitido construir esta vida, regreso al descubrimiento con el que comenzó este texto: muchas mujeres han confiado en mí.

Me han abierto puertas y ventanas; me han acercado escaleras y algunas me han ayudado a derribar muros. Han confiado en mi voz, en mis ideas y en mi capacidad. Me han recomendado cuando yo ni siquiera estaba en la habitación y han pronunciado mi nombre cuando surgió una oportunidad. De una forma u otra, me han dicho: “Creo que tú puedes hacerlo”.

Hoy puedo reconocerlo con gratitud y también con responsabilidad.

Ahora que la docencia ocupa un lugar importante en mi vida, pienso especialmente en mis alumnas. Quiero compartir lo que sé, reconocer su talento, acercar oportunidades y, cuando esté en mis manos, ser yo quien les diga: “Creo que tú puedes hacerlo”.

Porque sé lo que significa que alguien confíe en tu capacidad y te dé la oportunidad de demostrarla.

Muchas mujeres lo han hecho conmigo.

Y si algún día una de mis alumnas, o alguna mujer con la que me encuentre en el camino, puede avanzar un poco porque yo estuve ahí, me gustaría pensar que hice buen uso de este privilegio:

Que una puerta que alguien abrió para mí no se cerró después de que yo pasara por ella.

Que quedó abierta.

Para que detrás de mí pudieran pasar muchas más.

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Alejandra Ugalde
Ingeniera en Sistemas Computacionales, actriz, directora escénica, docente, locutora y comunicadora, con más de 18 años de trayectoria en las artes escénicas. Su experiencia abarca teatro, radio, formación académica, capacitación y conducción de eventos culturales e institucionales. Ha participado en el Festival Internacional Cervantino y la Muestra Nacional de Teatro. Es autora de Meow Mandalas. Su trabajo vincula arte, educación y comunicación, teniendo como eje la expresión, la creatividad y la conexión con diversas audiencias.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.