NosotrAs: Lo que el presupuesto no paga, lo sostienen las mujeres
Etiquetar recursos para mujeres no transforma la desigualdad si no se toca su raíz. El tiempo, ausente en el presupuesto, sigue marcando el límite de su autonomía
Hablar de igualdad entre mujeres y hombres es común en el discurso público. Aparece en planes, informes y presupuestos, pero en la vida cotidiana la distancia entre lo dicho y lo que realmente cambia sigue siendo amplia.
En México, miles de mujeres se levantan temprano, preparan alimentos, organizan el hogar, cuidan hijos y, si pueden, trabajan, estudian o descansan. Este es el trabajo que sostiene la vida, pero rara vez se refleja en las decisiones públicas.
Los datos son claros. Las mujeres dedican 39.5 horas semanales al Trabajo no Remunerado (TnR), mientras que los hombres destinan 21.5. Esta desigualdad se conoce como pobreza de tiempo y limita el acceso al empleo, a los ingresos y a otras oportunidades.
Frente a ello, el presupuesto con perspectiva de género busca cerrar brechas. México ha avanzado con instrumentos como el Anexo 13 del Presupuesto de Egresos de la Federación y la inclusión del tema en el Presupuesto basado en Resultados.
Sin embargo, persiste una pregunta clave: ¿realmente está mejorando la autonomía económica de las mujeres?
La respuesta, en gran medida, es no. El enfoque sigue siendo superficial. Muchas veces se limita a etiquetar recursos “para mujeres”, sin transformar las causas estructurales de la desigualdad. El problema no es solo cuánto, sino cómo y en qué se gasta.
Y la variable que sigue quedando fuera es el tiempo. Su distribución inequitativa genera desigualdad. Una mujer con alta carga de TnR enfrenta desventajas en el mercado laboral y menores posibilidades de ejercer su autonomía económica.
El origen es claro: la organización social del cuidado. Esta tarea sigue recayendo principalmente en las mujeres. Se trata de un tema económico, no solo social, pues reduce la participación laboral y limita el crecimiento. De hecho, el TnR equivale a cerca del 24% del PIB mexicano
Aun así, el sistema de cuidados sigue ausente en el presupuesto. Y aquí es donde debe cambiar la lógica: invertir en él no es gasto social, es crear infraestructura económica, pues impulsa el empleo y genera ingresos.
El reto es pasar de la etiqueta al impacto. No basta con contar beneficiarias o montos. Hay que medir si se reduce la carga de TnR, aumenta la participación laboral o mejoran los ingresos de las mujeres. Sin ello, el presupuesto queda en buenos deseos.
Avanzar implica tres cambios: incorporar el uso del tiempo como variable clave en la formulación presupuestal, priorizar la inversión en cuidados y fortalecer la evaluación del gasto. No se trata de gastar más, sino mejor.
El presupuesto refleja prioridades. Y hoy, una de las más urgentes es el tiempo de las mujeres. Porque sin él no hay libertad de decisión, ni autonomía económica, ni igualdad real.
La pregunta, entonces, no es cuánto estamos gastando en mujeres, sino cuánto y cómo invertimos en transformar las condiciones que limitan su desarrollo.