NosotrAs: Los espacios ocupados de las madres
Entre la crianza, el cansancio y los espacios compartidos, muchas madres escriben y crean desde la fragmentación, desafiando la idea de que para pensar hace falta silencio perfecto
Estuve pensando en el momento ideal para iniciar este texto. Dejé pasar días con la esperanza de que en algún punto encontraría la motivación, el espacio, la energía y las palabras para comenzar a escribir, cosa que últimamente me ha costado cada vez más. Entre las labores del hogar, las obligaciones del trabajo, las academias por la tarde, los compromisos de una vida social casi nula pero que mantiene la esperanza, escribir se ha vuelto más un recuerdo distante que un hábito presente. Y entonces pienso en Virginia Woolf y su habitación propia: “una mujer debe escapar de las interminables exigencias de la vida doméstica para tener espacio para pensar y crear” ¿desde qué espacios creamos las madres? ¿cómo escribir en una habitación que colecha?
Las madres han desafiado a lo largo de la historia la idea absurda de que sólo a través de evitarla es posible cumplir sueños y anhelos. La maternidad desafía. Desafía tiempos lineales, espacios ocupados, rutinas que sostienen hogares; desafía la idea de que la inspiración llega solo en momentos de calma, porque muchas veces llega entre pañales sucios, llantos, citas con pediatras e incertidumbre.
La maternidad transforma. Te construye y destruye más veces de las que puedas imaginar. En cada etapa de la crianza, aparecen versiones tuyas que no conocías y que pondrán a prueba todo lo que dabas por cierto hasta entonces. Y aprendes a crear desde momentos fragmentados, desde la ternura y el cansancio acumulado.
Las madres creamos desde distintas realidades. Desde contextos de mucho privilegio o de gran precariedad. Creamos desde violencias que nos atraviesan a todas en diferente medida y desde estructuras que no están hechas para sostenernos sino para invisibilizarnos. Y aún así, insistimos. Las madres han aprendido a hacerlo desde la comunidad, la sororidad y las redes de apoyo que tejemos entre nosotras. Desde el reconocimiento del poder de nuestra voz y nuestras experiencias como guía para quienes vienen.
Quizás no tengamos una habitación propia. Y pasarán muchos años antes de que suceda. Tal vez tenemos sólo espacios ocupados, notas en el celular, ideas que vienen en esos minutos previos a rendirte ante el agotamiento. Quizás no tengamos el privilegio de la escritura en silencio, en contemplación o en soledad, pero sí tenemos una escritura real y sumamente necesaria.
La maternidad nos ha obligado a dejar de esperar, y a crear desde la nada, y a pesar de todo.