NosotrAs: ¡Mamá! Hay un facho en la cocina
La ultraderecha no está avanzando, hace tiempo que llegó. Ya está sentada en nuestras mesas
Cuando me invitaron a participar en este espacio, acepté de inmediato. Acepté porque reconocí en mí el miedo que muchas tenemos de parecer irrelevantes, incapaces o irreverentes. Pero, de la mano de ese mismo miedo, también reconocí la necesidad de ser leída, de ocupar tanto espacio como sea posible dentro de una sociedad que nos exige hacernos pequeñas e invisibles.
Me senté en mi oficina a escribir. Pero ¿escribir qué? Pasan tantas cosas y, al mismo tiempo, parece que no pasa nada en esta ciudad del norte, atrapada en el tiempo y en la arena del desierto. ¿Escribo que Chihuahua es uno de los dos últimos estados en legislar el matrimonio igualitario? ¿Escribo sobre el fenómeno de los hombres que cambian legalmente su género para denunciar a mujeres ante la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y a la Familia (FEM)? ¿Escribo sobre la ola conservadora que ataca y menosprecia las carreras políticas de las, los y les activistas de la ciudad?
Hace unos días, la coordinadora estatal de la asociación civil “Iniciativa Ciudadana”, Ruth S. (cuyo nombre completo no mencionaré porque no es mi intención darle protagonismo ni generar odio hacia ella como persona), realizó una lamentable declaración en la que revictimizó a Marisela Escobedo y a su hija Rubí. Argumentó que era obligación de Marisela, como madre, cuidar y “salvar” a su hija de su agresor. Sus palabras levantaron una tolvanera de opiniones y argumentos entre el sector más extremista de la población de Chihuahua.
Junto a ella, formando parte de la misma organización, se encuentra Raúl D., un deudor alimentario que cambió legalmente de género para denunciar a su expareja por violencia de género ante la FEM y continuar ejerciendo violencia vicaria contra ella. Ambos personajes forman parte del grupo de choque coordinado por el diputado Carlos Olson y su grupo parlamentario (los principales obstructores del proceso para legislar el matrimonio igualitario).
Pero ¿por qué escribo sobre esto? ¿Qué es lo que realmente quiero decir? Independientemente de las personas que la representan, es importante observar cómo la ultraderecha se nos ha metido hasta la cocina: con rosarios en las manos, la palabra de Dios —retorcida— en los labios y el odio en el corazón. También es importante reconocer que la ultraderecha no está “avanzando”; hace tiempo que llegó. Ya está sentada en nuestras mesas, opinando públicamente y desinformando a la población.
Escribo esto porque estoy convencida de que será desde la comunidad, el cuidado mutuo y la ternura radical desde donde podremos dar la batalla por la supervivencia. Será desde el conocimiento y el disfrute de nuestras cuerpas y de nuestros territorios; desde la conservación de los saberes de nuestras abuelas y bisabuelas; desde el cuidado de las poblaciones vulnerables y vulneradas, que podremos resistir y existir como queremos, como merecemos.
Nos toca resistir, alzar la voz, reagruparnos, informarnos e informar a otras. Nos toca apoyar los proyectos colectivos, hacer comunidad y, sobre todo, disfrutarnos sin culpa. Que esa se la queden ellos.