NosotrAs: No demos nada por sentado
Los discursos que cuestionan el voto femenino recuerdan que los derechos conquistados también pueden retroceder
¿Están nuestros derechos garantizados de manera permanente? La experiencia colectiva nos enseña que no podemos dar por seguras nuestras libertades. Somos conscientes de que existen discursos que, aunque parezcan democráticos y legítimos, buscan retroceder en nuestros derechos, aun cuando nuestras leyes y los tratados internacionales lo prohíben expresamente.
Un claro ejemplo de esto son las tendencias culturales como las tradwives: mujeres jóvenes que eligen una vida doméstica, abandonando carreras profesionales y aceptando una posición subordinada frente al hombre; algunas incluso se han declarado antifeministas. La autonomía individual permite que cada persona decida sobre su vida privada, pero los problemas surgen cuando esta elección individual se traslada al espacio público.
Esa línea ya se ha cruzado. En Estados Unidos, sectores conservadores de ultraderecha han comenzado a promover ideas como el household voting (un voto por hogar) y consignas para revocar el voto femenino, como el movimiento #RepealThe19th (la decimonovena enmienda de la Constitución de Estados Unidos establece que no se puede restringir el derecho al voto por razones de “sexo”). La idea se centra en la familia tradicional como base de la sociedad, donde la voz debería ser la del jefe del hogar.
Estas corrientes se alimentan de las ideas de figuras públicas como Erika Kirk y movimientos como Turning Point USA, que se ha convertido en uno de los más influyentes en Estados Unidos. Según su página web, defienden que la religión debe guiar la vida pública y abogan fervientemente por los valores tradicionales, promoviendo la distinción de los sexos biológicos y los derechos de los no nacidos.
Esta propuesta, que puede parecernos lejana, ya ha llegado a México. Hace unos meses, un joven político del Estado de México propuso que solo un miembro de la familia, el pater familias, tuviera derecho a votar. Lo que hace algunos años parecía anticuado ahora se discute públicamente. Aunque no tuvo mucho impacto, no es un tema menor: alguien ya está considerando esta idea.
La paradoja de esta propuesta es enorme. Tenemos una mujer presidenta y existe paridad en los órganos de representación. Muchas lucharon antes que nosotras para lograrlo; por eso debemos estar atentas. La verdadera libertad nos permite decidir si queremos una vida dedicada al hogar y apegada a antiguas tradiciones, o si preferimos llevar nuestra vida de manera diferente. El problema es que nuestra red de seguridad comienza a desmoronarse debido a estos discursos. Recordemos que ningún derecho es una conquista absoluta y que protegerlos es una tarea diaria.
Depende de cada una cómo llevar su vida, pero no podemos permitir que se invadan nuestros derechos colectivos debido a visiones individuales y, sobre todo, no demos nada por sentado.
@majorihu