NosotrAs: ¿Quién cuida de quienes cuidan?
Cuidar también tiene un costo emocional y distribuir las responsabilidades y construir redes de apoyo es clave para proteger la salud mental de las mujeres
Mientras crecemos, se nos ha inculcado que la mujer es la parte sensible, amorosa, consejera y cuidadora de la familia. Se espera que cuide, escuche, acompañe y resuelva los conflictos que surgen dentro de la dinámica familiar. Pero, si ellas son quienes cuidan, ¿quién cuida de ellas?
Las mujeres continúan desempeñando un papel como cuidadoras ante situaciones como enfermedades, problemas emocionales, consumo de sustancias, dificultades económicas, conflictos familiares o necesidades de los hijos. Esta responsabilidad no siempre es visible, pero implica una carga emocional y mental.
La doctora Laura Pedraza, investigadora del CECRIGE, señaló que, en una encuesta sobre la carga mental del trabajo de cuidados no remunerado, realizada por la Ibero, una de las diferencias más amplias entre mujeres y hombres se encuentra en la sensación de ser la única persona responsable del bienestar familiar: el 45.9 % de las mujeres consultadas manifestó esta percepción, frente al 28.7 % de los hombres.
Para numerosas mujeres, cuidar no representa únicamente una actividad, sino una responsabilidad que parece no tener horarios ni límites.
Cuando una mujer asume como propia la responsabilidad de mantener el bienestar emocional y físico de los demás, sus necesidades pueden quedar relegadas. Es entonces cuando el cansancio, la ansiedad, la irritabilidad y la tristeza pueden aparecer y, aun así, continuar siendo considerados parte “normal” de sus responsabilidades.
A esto se suma la dificultad para pedir ayuda. Reconocer el deterioro de su salud mental puede tomar tiempo. Cuando logran identificarlo, pedir ayuda puede percibirse como una muestra de egoísmo o como un fracaso en su papel de mujer o madre. Esto puede llevarlas a ocultar lo que sienten y a postergar la atención de su salud mental.
Por eso, hablar de la salud mental de las mujeres implica hablar de corresponsabilidad. Cuidar no debería ser una obligación exclusiva de ellas. Las familias necesitan distribuir las tareas, construir redes de apoyo y reconocer que quien cuida también necesita descanso, escucha y acompañamiento.
Tampoco deberíamos esperar que sea siempre la madre de familia quien desempeñe el papel de mediadora en los conflictos o quien encuentre soluciones a los problemas familiares, cuando ella también se encuentra involucrada y afectada por la situación.
Porque una mujer no deja de ser responsable por pedir ayuda. Al contrario: reconocer sus límites también es una forma de cuidado.
Cuando entendamos esto y asumamos nuestra responsabilidad dentro de la dinámica familiar, las madres de familia podrán dejar de sacrificar su salud mental para preservar la de los demás. Cuidar a una familia no debería significar olvidarse de una misma.