NosotrAs: Se vale cambiar y reinventarse
Reinventarse también es soltar certezas, desaprender y darse permiso para ocupar nuevos espacios
Soy una chica ansiosa a quien le gusta tener todo planeado tan perfectamente que no quede espacio para el error. Claramente, eso es imposible y la vida se ha encargado de demostrármelo este último año.
He aprendido, a las malas, que, por más que planees, sueñes, desees y pongas de tu parte, hay situaciones en las que te vas a ver obligada a cambiar: un trabajo, una relación, una amistad o un sueño. Y qué miedo da aceptar que ese plan que te daba estabilidad y confort un día, simplemente, desaparece.
Vivimos en una sociedad en la que desde pequeñas aprendemos lo que se espera de nosotras y, cuando la vida nos reinicia —como dicen mis amigas que me pasó a mí este año—, nos encontramos con un miedo inmenso al cambio. ¿Cómo que puedo decidir por mí misma?
Este año he tenido que dejar muchas cosas atrás, pero lo que más me ha dolido no fue un trabajo ni una relación. Fue dejar atrás una versión mía con la que siempre estuve.
Toda mi vida fui un fantasmita: la niña buena que nunca molesta, que habla bajito, que no ocupa espacio ni pide ser escuchada. Y un día entendí que, para seguir mi camino, tenía que atreverme a ser la mujer que esa niña siempre soñó: una que hable, ponga límites y deje de pedir permiso para existir.
Recuerdo haber llorado, desconsolada, aterrorizada, sin entender por qué, si en teoría estaba cumpliendo mis sueños. Hasta que lo entendí: ese dolor era la despedida de mi “yo de antes”. Crecer no solo es ganar cosas nuevas; también es dejar otras atrás, aunque duela. A veces no queda más que, como dice mi papá, “apechugar”.
Con el tiempo entendí que reinventarse tiene que ver con tres cosas: conocerse, preguntarte qué quieres de verdad y qué haces solo por costumbre; desaprender creencias que ya no te sirven, como que equivocarte es fracasar o que debes caerle bien a todos; y actuar sin esperar a sentirte lista. No necesitas un plan de 58 pasos perfectamente analizado para empezar. La claridad casi siempre llega después de dar el paso, no antes.
Y no todas las reinvenciones se ven enormes. A veces es empezar a bailar, correr una carrera, cambiar de estilo o simplemente permitirte probar algo que nunca pensaste.
Se vale empezar de cero, empezar sin saber nada o sabiéndolo todo. Se vale cambiar de opinión y no tenerlo todo resuelto.
Porque reinventarnos significa darnos permiso para evolucionar.
Y quizá eso es lo más bonito de todo: entender que no existe una versión final de nosotras. Que siempre podemos aprender algo nuevo, cambiar de rumbo, volver a empezar, ocupar más espacio, atrevernos a algo que antes nos daba miedo.
Así que sí: se vale cambiar, reinventarse y convertirse, una y otra vez, en la mujer que siempre soñamos.
Y espero de todo corazón que, en este camino de reinvención, todas tus versiones estén siempre llenas de amor y brillitos.
@alemaaaaaaaaaa