NosotrAs: Ser felices también es resistir

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Frente al avance del odio, el miedo y el autoritarismo, construir comunidad, compartir saberes y hacer de la ternura una forma de resistencia colectiva

NosotrAs: Ser felices también es resistir

Hay momentos en que el mundo parece endurecerse y quedarse sin colores. Frente al avance de ideologías y actos autoritarios que nos van a afectar a todas, una pregunta se vuelve urgente: ¿cómo resistimos sin arrodillarnos, sin remar en contra de nosotras mismas, sin perder la alegría de vivir?

Ideas que creíamos superadas reaparecen con nuevos conceptos, nuevas plataformas y viejos prejuicios. Eso tiene nombre y apellido: neofascismo. Ellos, el patriarcado, los señores que hacen la guerra, apuestan por que el miedo nos paralice y quieren sembrarnos odio por todo aquello que sea distinto. Pero ¿qué creen? Odiar nunca es opción.

En Tiyahui, mi casa, que es la casa de todas ustedes, a lo largo de ya casi 18 años de trabajo, he aprendido que la respuesta está en lo cotidiano, en darnos los buenos días, en la comida compartida, en crear la fuerza que debe mover al mundo: la colectividad.

Repito, la respuesta está en tener siempre las puertas abiertas, prender el fuego, sentarnos alrededor de la mesa y compartir el amor, entendido no como consigna romántica, sino como cuidado, escucha y reconocimiento de la otra persona.

Se trata de salir al encuentro del abrazo cálido de la música, de poner el cuerpo al servicio del baile. De levantar el puño, pero nunca dejar de cocinar, conversar, reír, disfrutar; gestos pequeños que, en un mundo que nos quiere consumiendo, aisladas, enfrentadas y compitiendo, pueden convertirse en actos profundamente políticos. La felicidad de las cosas simples es la mejor resistencia.

Tomarnos de las manos no solo es ejercer la solidaridad, es hacer magia cuando todo parece invitarnos a salvarnos individualmente. Cuando el poder amenaza con “no hay más ruta que la nuestra”, nosotras los contradecimos desobedeciendo, organizándonos, compartiendo saberes, construyendo memoria, imaginando alternativas, preguntándonos quiénes somos y qué mundo queremos habitar.

La comunidad debe ser nuestro mantra con el que evitemos reproducir, dentro de nuestros espacios, aquello que criticamos afuera. El machismo, el racismo, el clasismo, el colonialismo, el autoritarismo pueden esconderse incluso detrás de discursos que se piensan emancipados. Por eso, estar juntas también debe significar incomodarnos, reaprender, cuestionar, escuchar lo que no queremos escuchar, revisar nuestros privilegios y desaprender ideas heredadas como si fueran verdades únicas.

Descolonizar la mente quizá empiece ahí, en atrevernos a sospechar de lo que siempre nos dijeron que era normal. Del éxito entendido como acumulación, de la competencia como única forma de avanzar, de la autoridad como obediencia, del progreso como destrucción, del individualismo como destino.

Otra realidad no aparece solo porque la nombremos; hay que practicarla. Otro mundo es posible, está en cómo nos cuidamos, cómo consumimos, cómo hablamos, a quién escuchamos, qué historias contamos y con quién compartimos la mesa. Frente al odio, abrazarnos. Frente al miedo, creamos. Frente a la imposición, cuestionamos. Frente a la soledad, nos tomamos de la mano y caminamos juntas.

Propongo. Quizá resistir sea también eso, negarnos a vivir como si la única posibilidad fuera competir, obedecer, consumir y tener miedo. Sentarnos a la mesa, hacer arte, amar, organizarnos y mantener la duda suficiente para no convertir nuestras propias certezas en nuevas formas de dominación. Tal vez nuestra resistencia más profunda consista en hacer de la ternura un acto radical.

@ajmaksat

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Aniremak Santos Bermea
Viajera, libre pensadora y buscadora incansable de lo colectivo. Soy socia fundadora de Casa Tiyahui, un proyecto desde el que he aprendido a hacer comunidad a través de la cultura, el arte y la comida compartida. Creo en el amor como una forma de estar en el mundo, en cuestionar lo aprendido y en construir juntas otros mundos posibles.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.