NosotrAs: Sí se puede con todo, pero no todo al mismo tiempo
Hay momentos para crecer, otros para cuidar y otros para volver a empezar. Y está bien
Durante años confundí priorizar con renunciar.
Cuando me convertí en mamá, mi hijo se volvió el centro de muchas de mis decisiones. Lo elegí feliz y convencida. Lo que no anticipé fue que empezaría a asumir que crecer profesionalmente quizá ya no era compatible con la vida que había elegido.
Veía pasar proyectos, oportunidades y posiciones más ejecutivas mientras una pregunta se instalaba silenciosamente en mi cabeza: ¿hasta aquí llegó mi carrera?
Después llegó otra todavía más incómoda: ¿sigo siendo buena en lo que hago?
Quería trabajar y hacerlo bien, pero sentía culpa por dejar a mi hijo tantas horas en la guardería. Quería ser la mejor mamá, esposa, profesionista, hija, hermana y amiga. Quería estar presente, crecer, cuidarme, cumplir.
Quería poder con todo. Y por intentar ser la mejor en todo, sentía que no era suficientemente buena en nada.
Los números muestran que esta tensión está lejos de ser individual. De acuerdo con el IMCO, 51 % de las madres ha pausado su carrera profesional por razones personales, frente a 20 % de los padres. Y hay otra cifra reveladora: las mujeres con hijos representan 38 % de los puestos de mando medio, pero apenas 16 % de los de alta dirección.
Quizá nunca fue falta de ambición.
Entonces entendí lo fácil que es convertir una etapa en una sentencia. Si no puedo aceptar ese proyecto, quizá perdí mi oportunidad. Si mi prioridad está en casa, quizá dejé de ser ambiciosa. Si mi carrera desacelera, quizá todos avanzarán menos yo. Nos exigimos vivir cada dimensión de nuestra vida al máximo y después nos castigamos cuando alguna necesita esperar.
Con el tiempo descubrí que una pausa no borra lo construido, que avanzar más despacio también es avanzar y que una carrera se mide en décadas, no en temporadas.
Después de más de una década entrevistando y acompañando a ejecutivos y ejecutivas, he aprendido que las grandes carreras rara vez son líneas rectas. Detrás de un nombramiento hay pausas, decisiones familiares, cambios de rumbo, dudas y temporadas en las que simplemente tocó priorizar otra cosa.
Mi carrera comenzó a cambiar cuando entendí eso. Volví a ponerme metas profesionales, desarrollé una nueva práctica, estudié más y recuperé la curiosidad por lo que hacía. Después llegó otro reto: correr un maratón. Y después otro.
Paradójicamente, no fue hacer más lo que me dio paz. Fue entender qué tocaba priorizar en cada momento.
Hoy sé que habrá temporadas para acelerar y otras para cuidar; para liderar, aprender, crecer o simplemente sostener. Y que decir “ahora no” no significa “nunca”.
Durante años confundí priorizar con renunciar. Hoy entiendo que era exactamente lo contrario: priorizar también es elegir.
Sí, se puede con todo.