NosotrAs: siempre culpables

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Una niña que pide ayuda, una madre que enfrenta sola la crianza y un padre ausente muestran las complejidades de la violencia familiar y las dificultades de las instituciones para atenderla sin revictimizar a las mujeres

NosotrAs: siempre culpables

El reporte decía: una niña corre por media calle pidiendo ayuda a la policía porque su madre la golpea.

De la violencia se dice mucho: en los medios, en la academia, en las leyes. Pero en el trabajo de primer contacto las historias llegan contadas por quienes las viven, con los matices que esos otros ámbitos no alcanzan. Esta es una de ellas.

La encontramos sentada en un banquito. Tiene diez años. Salió de casa porque su mamá le castigó el celular que le regaló su papá, que vive en Estados Unidos. Sí, la regaña y a veces le pega; ella misma explica por qué: no le gusta la escuela ni bañarse, y le enoja que el novio de su mamá también la regañe. Fue su papá, por chat, quien le aconsejó salir a buscar a la policía y no hacerle caso a ese señor, porque él no es su padre.

La madre llegó deshecha en lágrimas: no vio cuando la niña salió y llevaba rato buscándola. Se dedica al comercio, trabaja doce horas al día, no tiene redes de apoyo porque tuvo que mudarse cerca del trabajo. Se separó del padre por la violencia que él ejercía sobre ella; él se fue “pal’ otro lado” sin papeles. No manda pensión. Manda regalos o efectivo a través de familiares, con una condición: que la niña se lo gaste en lo que ella quiera.

Y aquí, como en la película Rashomon, donde cada quien relata desde su punto de vista, la historia se parte según quién la cuente. La policía especializada piensa que la madre no debe pegarle, pero no le parece justo presentarla ante el ministerio público por violencia familiar; tampoco tiene facultades para devolverle a la niña, no hay otra salida legal, y las instituciones que podrían ofrecer herramientas de crianza o acompañamiento trabajan en horario de oficina y desde sus escritorios. La madre dice que ama a su hija y hace lo mejor que puede, pero no tiene recursos y el papá se la pone en contra: es víctima de violencia vicaria sin saber que así se llama. La niña, a punto de ser adolescente, quiere ser; y su papá le vende ilusiones desde lejos.

Él no aparece en ninguna versión. Arroja gasolina y avienta fósforos desde dos mil kilómetros, y sale sin un rasguño.

La historia terminó con las tres en la sala de espera del ministerio público, aguardando al DIF y una carpeta de investigación. Culpables, como siempre, nosotras.

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Michelle Guerra
Académica, doctora en derecho y servidora pública en materia de seguridad ciudadana con especialidad en la atención a las emergencias relacionadas con violencia de género.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.