NosotrAs: Sostenemos la vida, pero también queremos vivir la nuestra
Cómo en La Paz se impulsan iniciativas para transitar del cuidado como mandato femenino a la corresponsabilidad colectiva
En La Paz, Baja California Sur, conocemos el calor. En esta orilla del desierto donde el mar parece un espejo inalcanzable, para las mujeres las horas pasan entre el vapor de las ollas, el tiempo se hace largo al caminar por el asfalto caliente cuando vamos por las niñas y niños a la escuela y se siente en el sudor al cargar las bolsas del mandado. Pero aquí, como en todos lados, el calor no es el verdadero inconveniente: es el peso de sostenerlo todo. De asumir que el cuidado de la casa, de la familia, de los enfermos y la comunidad es una obligación natural que tenemos nosotrAs.
El calor no se ve, pero se siente. El trabajo de cuidados que hacen las mujeres, igual. Nuestra labor es un engranaje invisible que funciona tan bien que nadie se detiene a preguntar qué pasa cuando la que sostiene se quiebra.
De acuerdo con información de la ENUT, en 2024, las mujeres dedicaron 40.9 horas semanales a estas labores, mientras que los hombres solo dedicaron 19.5. Por cada hora de trabajo no remunerado que realizó un hombre, una mujer hizo el doble. Nos han vendido la idea de que el cuidado nos sale natural y que el amor puede con el cansancio, con la violencia, que lo puede todo. Pero, quién se pregunta: ¿quién cuida a la que cuida?
En La Paz, esa respuesta empieza a tomar forma a través de “La Paz Cuida”, que busca sacar el cuidado de la casa y llevarlo a la comunidad: con Madriguera, se abrió un espacio para que infancias tengan un lugar seguro en el trabajo de sus tutores y, a la vez, sus familias tengan un respiro. A través de apoyos económicos reconocemos que sostener la vida también implica esfuerzo y necesidades materiales.
En los Círculos de Cuidados nos encontramos en los barrios para ponerle nombre al cansancio, sacudirnos culpas y tejer redes donde el peso se pueda compartir. Madres estudiantes de todas las edades reciben un impulso para que no tengan que decidir entre cuidar o cumplir un sueño.
También vemos que es vital que esta conversación llegue a más espacios y generaciones. Libros de colorear y la Lotería de los Cuidados convierten ideas complejas en imágenes, juegos y preguntas cotidianas: ¿quién prepara la comida?, ¿quién limpia?, ¿quién descansa?
Todas son distintas puertas de entrada a una misma transformación: dejar de ver el cuidado como un destino femenino y empezar a reconocerlo como una responsabilidad compartida entre las familias, la comunidad y las instituciones.
No se trata solamente de aliviar nuestro cansancio, sino de construir una sociedad donde cuidar no signifique renunciar a vivir en bienestar. Hablar de cuidados es reconocer que la ternura también es una postura política, y que sostener la vida dignamente no puede seguir costando la salud y los sueños de quienes siempre han tenido que cargar con todo: las mujeres.
@robinson_christa