NosotrAs: También pertenecemos a la cancha
Las mujeres no necesitan permiso para competir, sino condiciones de igualdad y respeto a sus capacidades
Durante mucho tiempo nos hicieron creer que el deporte era territorio de hombres. A las mujeres se nos cuestionó la fuerza y el derecho de competir, como si el esfuerzo tuviera género. Aun así, entramos a las canchas y abrimos caminos, aunque nuestra presencia todavía se trate como una excepción.
El deporte femenino existe gracias a mujeres que se negaron a aceptar límites. Han luchado por oportunidades y reconocimiento. Sin embargo, participar no siempre significa ser tomadas en serio. Sus logros reciben menos atención y la conversación suele desviarse hacia su apariencia o vida personal, en lugar de reconocer su disciplina y talento.
Esa mirada también aparece en la publicidad, donde el cuerpo de las mujeres se convierte en una herramienta para captar la atención, aunque se promocione el deporte. En vez de mostrar su fuerza, preparación y talento, muchas campañas recurren a su apariencia como principal atractivo. El problema no está en cómo una mujer decide vestirse o mostrar su cuerpo, sino en una industria que reduce su imagen a eso y deja en segundo plano sus capacidades. Necesitamos publicidad que dé visibilidad al deporte femenino sin convertir la apariencia en el centro de la conversación; una que nos permita admirarlas por lo que hacen y por lo que han luchado.
En El segundo sexo, Simone de Beauvoir reflexiona sobre cómo la sociedad construye lo que espera de las mujeres. Esa mirada pesa en el deporte: se nos quiere fuertes, pero no demasiado; competitivas, pero agradables; visibles, pero sin incomodar. Si ganamos, hay quien explica nuestro logro por algo distinto al trabajo. Si lideramos, debemos probar que estamos preparadas. Abrir la puerta no basta si después se nos hace sentir que no pertenecemos.
Como mujer que practica flag football, no miro esta lucha desde lejos. La cancha es un espacio donde descubro mi fuerza y reconozco las barreras que enfrentamos. Quiero que nos reconozcan por lo que aprendemos, cómo competimos y el trabajo detrás de cada jugada, no por nuestra apariencia.
Hablar de mujeres en el deporte es hablar de respeto, seguridad y oportunidades. Es pensar en atletas, entrenadoras y niñas que sueñan con jugar, pero también en los prejuicios, la falta de apoyo y los comentarios que minimizan su capacidad. La igualdad exige transformar los espacios para que podamos crecer sin tener que probar que merecemos estar ahí.
No necesitamos que nos concedan un lugar como favor. Lo hemos construido con disciplina y resistencia. También merecemos igualdad. La cancha es nuestra. Que ninguna niña crea que debe pedir permiso para intentarlo, ni ninguna mujer tenga que elegir entre competir y ser tomada en serio. No tenemos que demostrar que merecemos estar aquí; el mundo debe dejar de cuestionar un derecho que siempre debió pertenecernos.
@whosvanessita