NosotrAs: Tenemos derecho al placer

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Nos enseñaron a sentir vergüenza de nuestros cuerpos y a silenciar nuestros deseos. Recuperar el placer como un derecho es también una forma de desafiar siglos de represión

NosotrAs: Tenemos derecho al placer

El placer femenino durante siglos ha sido objeto de censura y castigo. Hemos sido consideradas valiosas según nuestra capacidad de reproducción y cuidado del hogar.

Que las mujeres seamos capaces de experimentar y disfrutar nuestra propia sexualidad fue convertido en una ideología inmoral, un tabú, algo perverso o algo que debe reprimirse social y emocionalmente. Y ni qué hablar de los diferentes lugares del mundo en los que aún existen culturas que mantienen prácticas brutales para erradicar el placer femenino por medio de la mutilación genital femenina (MGF). Si bien la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y diversas organizaciones de derechos humanos la consideran una violación grave de los derechos humanos y una amenaza para la salud, está lejos de ser erradicada.

La estigmatización del deseo femenino ha llevado a que muchas mujeres se sientan avergonzadas de sus propios cuerpos y deseos, interiorizando la creencia de que su sexualidad es algo que debe ocultarse o reprimirse. Como consecuencia de esto, muchas patologías psicológicas tienen las puertas abiertas para llegar e instalarse, como lo son la ansiedad, la culpa, la vergüenza, el vaginismo, el bloqueo sexual, la depresión, la baja autoestima y la represión sexual, entre otras. Luego se culpa a las mismas víctimas de estar mal.

Desde 1689 lo dijo sor Juana Inés de la Cruz en su poema “Hombres necios que acusáis”. Cualquiera que lo lea con la mente abierta se da cuenta de que se refiere a la represión sexual al decir, por ejemplo: “Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andáis, que, con desigual nivel, a una culpáis por cruel y otra por fácil culpáis”.

Parece casi increíble que en tantos años no hayamos podido erradicar la represión sexual femenina. Y no solo hablo del placer en la cama: la sexualidad implica también la manera en que vemos y hablamos del cuerpo, lo estigmatizadas que tenemos las zonas erógenas y nuestros pensamientos, entre otras cosas.

Hoy es el momento de desafiar estas ideas, generar cambios, cuestionarnos, educarnos y modificar nuestra ideología sexual. Seamos conscientes de que, como mujeres, necesitamos disfrutar la feminidad, nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y nuestro erotismo sin vergüenza ni culpa.

En ningún momento quiero decir que tengamos que brincar hasta el lado del libertinaje, la indecencia, la obscenidad o la explotación de nuestro cuerpo, entre otras cosas. Esta columna es una invitación a reeducarnos, tomar conciencia y eliminar los malos hábitos, no solo por nosotras, sino por las nuevas generaciones que merecen disfrutar del placer. Es una invitación a tomar conciencia y ser responsables de la importancia de una sexualidad libre y consensuada, donde el placer de todas las partes involucradas sea igualmente valorado, priorizado y respetado.

@Mirna_yuliana_sexologa

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Mirna Yuliana
Licenciada en Psicología y en Educación Secundaria, con posgrado en Terapia Sexual y de Parejas y maestría en Educación, certificaciones como Tanatología y Danza Sagrada, entre otras, para encontrarse siempre actualizada.
Tiene 17 años con su consultorio privado, 16 años de docente tanto en instituciones de gobierno como privadas y recientemente incursionó en el trabajo con empresas apoyando para que los trabajadores psicosocialmente se encuentren bien.
Voluntaria en diferentes espacios, otorgando su tiempo con pláticas y talleres con el fin de mejorar la salud mental.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.