NosotrAs: Trabajar no debería costar tanto
Entre jornadas interminables, riesgos cotidianos y decisiones juzgadas, las mujeres sostenemos la vida mientras el sistema nos exige sobrevivirla
Me gusta participar en la lucha en los diferentes espacios por la búsqueda de 40 horas laborales semanales y dos días de descanso, con el objetivo de una vida digna para todas las personas. Tengo la idea de que este mundo no nos pertenece y, por lo mismo, no debemos dar la vida misma a un sistema que solo nos quiere ver trabajar bajo reglas y normas que ellos mismos impusieron.
Yo era una joven que estudiaba y trabajaba para poder obtener una independencia justa, creyendo que estudiando lograría más. Mis trabajos durante la carrera fueron muy variados, desde mesera hasta tener mi propio negocio. A día de hoy valoro a todas las personas que estuvieron protegiéndome durante ese transcurso porque, como toda mujer en el mundo real, viví momentos de alerta ante el peligro que corría por trabajar de noche y estudiar por las tardes.
Trasladarme en transporte público de noche fue de las experiencias más peligrosas y ahora atendiendo pacientes a domicilio nunca sé lo que me espera. Todo esto con un fin: poder sobrevivir a un sistema que me tiene en precariedad y en sentido de sobrevivencia.
Las mujeres trabajadoras somos símbolo de valentía al atrevernos a salir de casa sabiendo que tenemos un mayor riesgo ante amenazas que, aunque no deberían existir, casi siempre afectan sobre a la mujer. Cuando una es adolescente siente una presión de tener que elegir entre formar una familia o ser una mujer trabajadora e independiente, y cuál sea la decisión, es juzgada incluso si tomamos ambas.
Todas tenemos diferentes perspectivas y crecimos en diferentes ambientes familiares. Pasamos por momentos difíciles y otros no tanto, pero cada una debería elegir sin sentirse juzgada.
Ahora que sigo siendo una mujer trabajadora, puedo decir que el haber pasado por estas diferentes etapas en mi vida, como el desenvolverme en el ámbito laboral, me ha permitido formar un carácter firme, el cual me ayuda a no dejarme abatir ante las diferentes dificultades que se me presentan en la vida; así como tener la capacidad de actuar con principios sin necesidad de ser arrogante.
En un momento de mi vida llegué a preguntarme: ¿Qué es lo que debía ser realmente para ser autosuficiente? La verdad es que nada, solo debía notar esos pequeños cambios en mi persona, lo madura que me hice al entender que no todo dependía de mí, si no del contexto en el que me desenvuelvo y al cual debo saber cómo reaccionar.
El ser trabajadora y estudiante demuestra qué tan tenaces podemos llegar a ser. Tenemos metas y sueños por cumplir y, pese a las dificultades y riesgos, seguimos con esa voluntad de ser autónomas. Representando así qué tan valientes somos al enfrentarnos a un sistema que hace todo para implantarnos la idea de ser el “sexo débil”, cuando demostramos nuestra fortaleza día a día sosteniendo la realidad de todas las personas.