NosotrAs: Y el encuentro entre el derecho y el feminismo
Defender los derechos de las mujeres también implica transformar las instituciones
Soy abogada, feminista y activista. Mi trayectoria profesional la ha guiado una convicción: el derecho debe ser una herramienta para proteger la dignidad humana y acercar la justicia a quienes más la necesitan. Desde muy joven, inspirada por el ejemplo de mi madre, comprendí que la defensa de los derechos de las mujeres exige preparación, sensibilidad y un compromiso permanente con la transformación social.
A lo largo de mi vida he llevado una formación constante, convencida de que el conocimiento es indispensable para generar cambios reales. La academia, la experiencia profesional, la capacitación continua y el aprendizaje compartido con organizaciones de la sociedad civil fortalecieron mi visión jurídica y humana. Descubrí que el feminismo y el ejercicio del derecho no solo pueden convivir, sino complementarse para construir respuestas más humanas frente a las violencias que viven las mujeres.
He tenido el privilegio de ser arropada por la Red Plural de Mujeres en Zacatecas, Defensoras Digitales, el Movimiento Ley Olimpia, Kybernus y diversas colectivas feministas. De cada una he aprendido que las transformaciones nacen de la colectividad. Impulsar la Ley Olimpia y participar en la construcción de propuestas legislativas e institucionales frente a la violencia digital y las nuevas violencias derivadas de la IA, ha reafirmado mi compromiso con la dignidad de las mujeres.
Mi experiencia dentro de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas (FGJEZ) me permitió comprender que el activismo y las instituciones deben caminar en sentidos opuestos. Por el contrario, pueden convertirse en aliados para acercar la justicia y la prevención a quienes más lo necesitan. Desde áreas especializadas en delitos sexuales, género y derechos humanos impulsé, alianzas que hicieron posible llevar foros, capacitaciones y jornadas de sensibilización a municipios de todo el estado.
La colaboración con el INE, el IEEZ, la CDHEZ e instituciones educativas permitió que estos espacios llegaran a miles de personas. Más que impartir conferencias, el objetivo siempre fue abrir el diálogo y sensibilizar sobre la violencia digital, las violencias contra las mujeres y los derechos humanos, para que cada niña, adolescente y mujer supiera que no está sola y que la justicia también puede comenzar con la información, la prevención y el acompañamiento.
El camino no fue sencillo, hubo resistencias y desafíos de todo proceso de cambio; así confirmé que es posible combinar el activismo y el alcance de las instituciones para generar impactos positivos. Cada alianza, cada municipio recorrido y cada persona sensibilizada son un paso más hacia una cultura de respeto, igualdad y derechos humanos.
Hoy continúo este compromiso desde nuevos espacios, reafirmo mi convicción y trabajaré por mi mayor aspiración: contribuir para que ninguna mujer enfrente sola la violencia y para que las futuras generaciones vivan de manera más humanas.