NosotrAs: Y la carga mental
Aunque hoy las mujeres hemos conquistado algunos derechos económicos, la desigualdad persiste en la vida cotidiana, porque la carga de sostener, organizar y anticipar la vida sigue recayendo sobre nosotras
Desde que comenzó nuestra lucha, las mujeres hemos alcanzado distintos hitos en materia de derechos económicos que hoy damos por sentados e inamovibles, como son: el derecho a laborar, tener una cuenta bancaria sin la autorización de un esposo o padre, poseer bienes, firmar contratos, decidir sobre nuestra vida financiera. Estos avances han representado una conquista histórica y, en muchos casos, una libertad financiera genuina.
Sin embargo, despiertas más temprano que el resto de tu familia, te empiezas a arreglar para trabajar y en seguida debes hacer el desayuno, sabes que tu hijo debe llevar la maqueta de una célula y descubres que tu esposo dejó su laptop sobre la mesa, otra vez. Inmediatamente, y tan rápido como te lo permite la mañana, solucionas todos esos detalles para poder llegar a tiempo al trabajo.
Soportas una jornada extenuante, con (a menudo) un jefe malhumorado, escuchas un comentario fuera de lugar respecto a la apariencia de alguna compañera, que te desagrada tanto que te inventas una excusa para abandonar la sala.
Por fin termina la jornada laboral, ves el reloj y sabes que debes pasar por tus hijos a la escuela, entonces uno de tus pequeños te dice que le duele un diente. Inmediatamente observas que tiene uno picado y vas de urgencia al dentista. ¡Se ha solucionado! Casi. Te dan una receta con los cuidados y medicamentos. Por fin estás en casa y tu esposo en la sala pregunta “¿Cómo te fue?” e inmediatamente “¿Qué vamos a cenar?”. Vas a la cocina, te asomas al refrigerador mientras respondes un “bien” que se pierde entre las opciones de los ingredientes y las posibilidades de las preparaciones, decidiendo <<en pareja>> qué se va a cenar. Empiezas a preparar los alimentos, mientras piensas en el desayuno de mañana, qué ingredientes están por acabarse, las alarmas para los medicamentos, sacar la basura, la junta escolar, etcétera. Mientras tanto, tu esposo se acerca con una ingenua preocupación y mucha tranquilidad: “¿Te ayudo con algo?”.
A primera vista, suena como apoyo, pero no lo es del todo. Porque ambos son padres de los mismos hijos, trabajan y habitan en el mismo hogar. Sin embargo, la carga de organizar, anticipar y sostener la vida diaria sigue recayendo, en gran medida, en la mujer. Nuestra sociedad aún arrastra estigmas en los roles de género. El padre cree cumplir, pero en muchas ocasiones lo hace desde la comodidad y la inconsistencia. Sí, hoy gozamos derechos que antes eran sueños, los cuales se volvieron realidad hasta hace apenas cinco décadas, pero la lucha real sigue pendiente. Mientras estas dinámicas existan o excusas para contratar a la mujer, mientras existan barreras para la expresión, seguiremos en este camino hacia la igualdad. La lucha sigue desde los hogares, desde el trabajo y la expresión en cada día.