NosotrAs: Y la tribu que sostiene
Ninguna madre debería cargar sola el peso de criar, especialmente cuando el propio sistema no la sostiene
Si hoy comparto esta columna contigo es gracias a todas las mujeres de mi vida que me han sostenido desde que soy mamá. Empezando por mi propia madre, la tribu que encontré en yoga prenatal y en yoga mamá-bebé, hasta llegar a mis amigas mamás del club de lectura “Letras y Latidos” que, sin saberlo, me sostuvieron cuando yo no podía más.
Agradezco infinitamente haber podido dedicarme de lleno a mis hijos; sin embargo, en el camino me perdí a mí misma. Después de tocar fondo y no ser capaz ni de reconocerme en el espejo, busqué ayuda y hoy puedo nombrarlo: tuve depresión posparto. Todo el proceso del diagnóstico de mi hijo, la crianza y las expectativas propias y sociales deterioraron profundamente mi salud mental.
Al intentar adaptarme a mi nueva vida como mamá, me di cuenta de que la sociedad comenzaba a cerrarme las puertas. Mi presencia en lugares públicos con un bebé parecía incomodar y, si mi bebé lloraba, recibía miradas de desaprobación. Genuinamente busqué conciliar mi trabajo con la maternidad, pero el trabajo de cuidar una casa y criar a dos hijos me sobrepasó.
El mes pasado, en mi club de lectura, leímos La campana de cristal, de Sylvia Plath, y resonó tanto con nosotras y con lo que hemos vivido como madres que hoy quiero compartir contigo una reflexión que me dejó el libro. La protagonista se va perdiendo a sí misma bajo las expectativas de una sociedad que la encasilla por ser mujer: debe casarse y tener hijos, aunque sueña con ser mucho más. Esa reflexión sigue vigente: la maternidad no debería significar desaparecer, sino sumar una nueva parte de quienes somos.
Mientras las mujeres sigamos cargando con la mayor parte del trabajo de cuidado y crianza, esa desigualdad seguirá frenando nuestros sueños y aspiraciones, como si el matrimonio y la maternidad fueran el final del trayecto, cuando en realidad forman parte de un proyecto de vida que cada mujer debería poder elegir libremente.
Las mujeres necesitamos una tribu que nos sostenga porque el propio sistema no lo hace.
Hoy disfruto mi maternidad; mis hijos me ven feliz y plena y, al mismo tiempo, estoy cumpliendo el sueño de tener un estudio de yoga. Como dijo una amiga, quiero ser ejemplo para mis hijos de que se puede hacer lo que se ama.
Estamos bien porque tienen una mamá que los sostiene, porque ella tiene quien la sostenga.
Mi camino de regreso comenzó cuando Sabrina, una amiga a la que conocía desde mucho antes de ser mamá, me recordó quién era y cuáles eran mis sueños. También escribo esta columna porque Laura, una mamá y amiga a quien admiro profundamente, me dio luz cuando estaba perdida. Hoy, que Soluna recién cumple un año, sé que ninguna madre debería sostener sola el peso de criar. Ojalá todas encontremos una tribu que nos recuerde quiénes somos mientras aprendemos a ser madres.
@aidee_esmama_entransformacion