NosotrAs y los cuentos: Bajofondo

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En una misión contra pesca ilegal, una soldado enfrenta balas, recuerdos y un amor que nunca supo nombrar. A veces el sacrificio llega antes que el puerto

8 marzo 2026
NosotrAs y los cuentos: Bajofondo

Hubieras preferido quedarte otro día, pero quién discute con la generala. Te haz pasado todo el día rascándote la rodilla, siempre que algo te oprime la sangre te da comezón en la rodilla mala, la que te facturaste en Bahía Lavanda. No puedes pensar en otra cosa que no sea en ella, con sus ojos negros mirando hacía la puerta con una tristeza abismal, como la viste la última vez que se enfermó. Firmes, Juárez, firmes, ojos a todas partes “¡Órale!”, te dice Rosales, y te despierta de seguir contemplando esos ojos negros. Sólo se escuchan las iguanas pasando por las hojas del suelo, uno que otro coco que cae, pero nada de las lanchas de pesca ilegal. Eres muy cuidadosa con esas lanchas, pues así fue que la conociste, era parte de la tripulación, pero no sabía ni qué hacía ahí y, por supuesto, nadie la incriminó, era imposible culparla, no olía al atún que confiscamos.

“¿Ya nos vamos?”, le preguntas a una compañera en voz baja para que nadie más escuche tu impaciencia.

Tú llevas de contrabando una conchita de mar de esas color salmón que tanto le gustan y zarpan. La generala no fue tan dura contigo, aunque nunca te había hablado con tanta severidad, porque eres algo parecido a una hija. Ambas están solas desde antes de que se enlistaran. Bueno, sólo la generala, porque desde que ella llegó tú sientes algo, algo que te hace ir por una manta cuando se queda dormida en el sillón y apagar la televisión, porque duerme tan dulcemente que no quieres que nada la despierte, no sabes qué es, cómo nombrarlo, porque nunca te lo enseñaron. Porque sabes que tu madre fue la bandera y ya, no conociste ni conocerás otra cosa ni otro uniforme que este. A fin de cuentas es lo que te ha dado de comer, la forma en la que te ganas la vida, porque sin esto ya te hubieras muerto de hambre y sed, porque desde pequeña te habían abandonado para que te ahogaras en el río. Sin este trabajo no la hubieras conocido a ella, ni hubieras conocido esto que sientes que te hace cuidarla cuando se enferma, consentirla y llenarla de abrazos cuando llegas a casa.

Te rascas la rodilla con una furia fuera de este mundo, sientes la piel caliente, no puedes saber cómo está ella, la generala te quitó el día libre y el teléfono hasta que lleguen al puerto de la ciudad. Le preguntas a Rosales qué hora es por pura ansiedad pues ya sabes de memoria el trayecto y te preocupan las cuatro horas que faltan para llegar.

La alerta suena y todas se ponen en sus posiciones, han detectado una lancha de pesca ilegal. Maldita sea, porque ahora sabes que tienes que salir y piensas en que tienes que romper récord de tiempo porque se tardarán más en llegar, pero los sensores detectan tres lanchas más y entonces salen todas, pero no entiendes porque sale la generala si su deber es estar con la capitana, si ya conoce como la palma de su mano lo que traen esos cabrones: tiburones, vaquitas, marina o lo que sea que se hayan encontrado en el camino, todo se decomisa y por lo general las personas son simples anzuelos que mandan al mar, para ser devorados por lo peor que el destino les depare: la cárcel o la muerte.

A mierda, pero estos idiotas traen armamento militar, esas armas son de los gringos. No te alteras, el barco trae municiones que dejan a esas armas como simples pistolas de agua, pero entonces ves la bala con dirección hacia la cabeza de la generala. Como si tú memoria fuera un rayo, recuerdas cuando la generala, que aún no la nombraban así, fue a la zona en la que estabas resistiendo el clima de la playa con la rodilla fracturada y te puso encima una toalla para que no sintieras el frío y te secaras el cabello mojado, que cuando te quedabas con hambre te compartía de sus raciones diciendo que ella ya se había llenado. Te lanzas sobre ella como un escudo, sientes cómo el impacto roza tu yugular y piensas: ahora con quién se quedará tu Ramona, tu perrita, ya no alcanzarás a saber si el veterinario logró sanarla.

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Betty Júpiter
Nací en Texcoco, Estado de México. Soy hija de madre Coahuilense y padre Veracruzano. Desde hace diez años resido en Saltillo. Escribo cuento y poesía. He participado en antologías y encuentros literarios. Soy participante activa del espacio de lectura independiente de El lugar Detras del Agua en Tlaxcala.

Nosotras es un espacio de colaboración dentro de Vanguardia, para conocer opiniones de mujeres diversas, libres, furiosas, críticas, creativas e incontenibles. .

Históricamente, el “nosotros” dominó la opinión pública. El “nosotras” es un gesto de presencia política. No es solo identidad: es disputa por la voz. Cuando una mujer escribe “nosotras”, no pide permiso para representar; se asume como parte de una conversación colectiva.