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A la mesa con Don Quijote

Politicón
/ 3 julio 2016

    Muy al inicio del primer capítulo de El Quijote, Cervantes da cuenta a sus lectores de los hábitos alimenticios del hidalgo pobre Alonso Quijano, justo en el momento en que decide convertirse en caballero andante y adopta el nombre de Don Quijote de la Mancha. Escribe así el genial autor:

    “Una olla algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos consumían las tres partes de su hacienda”.

    Empecemos por el final. Cuando Cervantes señala que los alimentos del caballero manchego “consumían las tres partes de su hacienda” quiere decir,  porque así se entendía entonces, que representaban las tres cuartas partes de los productos de su caudal patrimonial o hacienda. Hoy se diría que tal gasto significa el 75 por ciento del ingreso familiar. Y era para atender a tres comensales. Al propio Don Quijote, así como a quienes “tenía en su casa, una ama que pasaba de los cuarenta (años) y una sobrina que no llegaba a los veinte”.

    “Una olla más vaca que carnero” era de ordinario la comida del mediodía. Aunque se trata de la olla común y no de la “olla podrida”, manjar éste muy diferente porque incluía otro tipo de carnes (pernil, gallina, chorizo y más), es sin embargo, esta “madre de la sopa”, el plato clásico que ha acompañado a la nación española en el curso de su historia. Según dicho popular, esta tradicional olla goza de siete gracias capitales: Alimenta/ quita la sed/ hace dormir/ digerir/ sabe bien/ nunca enfada/ y  pone la cara colorada”.

    Por ser Don Quijote un hidalgo pobre, su olla del mediodía tenía “más vaca que carnero” porque en tiempos de Cervantes era más barata la carne de vaca que la de carnero.Tratándose de un hidalgo, su olla diaria debía llevar algo de esta última carne, para no caer en el dicho: “Olla sin carnero, olla de escudero”.

    “Salpicón las más noches” ha de entenderse como lo que casi siempre cenaba Don Quijote. Este plato se preparaba con la carne de vaca que sobraba de la olla del mediodía, la cual se picaba y era aderezada con sal, pimienta, vinagre y cebolla.

    “Duelos y quebrantos los sábados” tomaba el famoso caballero este día de la semana. ¿En qué consistía tal plato? Por increíble que parezca, durante siglos los más doctos cervantistas discutieron el punto sin lograr ponerse de acuerdo. Infortunadamente no hay aquí manera de extenderse sobre esteprolongado e interesantísimo debate.

    Dirimir la cuestión sobre algo tan aparentemente sencillo no resultó fácil, porque muy probablemente Cervantes fue el primero y único que puso en letra impresa la expresión popular en su tiempo de “duelos y quebrantos”. 

    Hasta que en 1911 el erudito cervantista Francisco  Rodríguez Marín resolvió en definitiva el enigma, pues hoy ya nadie discute que el plato de “duelos y quebrantos” consistía en fritada de huevos revueltos con pedazos de tocino, llamados torreznos.

    “Lentejas los viernes”, tal vez con verduras o truchuelas, como el alimento más propio para los días de vigilia, que eran precisamente los viernes.

    En los tiempos de Cervantes y aun antes, las lentejas, llamadas popularmente las “mil y quinientas” o también las “once mil vírgenes”, eran consideradas como una pésima comida y se creía que producían malos sueños y predisponían a la demencia. Para mejorar el plato se comían con truchuela, pues la trucha era un pescado muy apreciado aunque nada barato. Había un dicho: “Los viernes, lentejita con truchuela”.

    “Algún palomino de añadidura los domingos”, que se agregaba a la olla para hacerla más rica y sustanciosa. El palomino podía ser propiamente una paloma, o bien una tórtola, perdiz, zorzal, francolín o mirlo. (52)

    jagraciav@yahoo.com.mx

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