También queremos decidir
El aborto es legal en Coahuila, pero no para todas. Cuando el acceso depende de la ciudad, el dinero o la voluntad médica, el derecho queda incompleto
En 2021, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la penalización del aborto en Coahuila, muchas mujeres celebramos. Desde entonces, en teoría, la interrupción del embarazo puede solicitarse en instituciones de salud públicas y privadas sin necesidad de justificar motivos. Sin embargo, esto no sucede así desde la periferia de nuestro estado.
Quisiera citar estadísticas claras sobre cuántas mujeres han accedido a este servicio fuera de Saltillo. Lamentablemente, esa información no se encuentra documentada. Lo que sí sabemos es que, hasta septiembre de 2025, se han practicado 2 mil 701 abortos en el estado.
La interrupción legal del embarazo continúa siendo un tema atravesado por estigmas, prejuicios y tabúes que la sociedad y el contexto cultural han perpetuado durante décadas. En muchos municipios, el aborto no se aborda como un derecho de salud, sino como un secreto o un escándalo que circula en voz baja, cargado de juicio moral. La información se proporciona a regañadientes y, con frecuencia, se niega el servicio invocando la objeción de conciencia.
Así se evidencian desigualdades territoriales y socioeconómicas. Algunas mujeres, desde el privilegio, pueden trasladarse a ciudades como Saltillo, Torreón, Monclova o Piedras Negras para acceder al procedimiento, o recurrir a servicios privados con su ginecóloga de confianza que, además, es feminista.
Pero también existe el otro extremo: mujeres sin recursos ni información que abortan en silencio, con o sin el apoyo de colectivas, siguiendo instrucciones para usar misoprostol desde casa, con amigas o en soledad. También están las menores que enfrentan embarazos producto del abuso dentro de sus propias familias, mientras grupos conservadores presionan para que el aborto ni siquiera pueda discutirse.
Entonces, sí, en Coahuila el aborto es legal. Pero el acceso real todavía depende del lugar donde se vive, del dinero que se tiene y de la disposición del personal médico. Un derecho que depende de esas condiciones no es un derecho pleno.
La despenalización fue apenas el primer paso. El siguiente -y el verdaderamente pendiente- es garantizar que abortar no sea un privilegio de ciudad o de clase, sino un servicio de salud accesible, seguro y gratuito para todas.
Instagram @annyamalui
Es feminista y activista en favor de los derechos humanos de las mujeres.