Tátau / tatouage / tatuaje

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Vida
/ 8 enero 2018


     Al Tigre

    La referencia inmediata que denuesta a los tatuajes se sigue desdibujando y continúa  dando paso a una práctica que se ha convertido en moda. Esto ha contribuido a que sea visto con menos recelo por comunidades conservadoras.

    Su uso actual como elemento decorativo, le ha permitido ser integrado con el soporte de figuras mediáticas como actores y cantantes e incluso aspirantes a cargos públicos, es el caso de  Vladimir Franz (tatuado en más del 90 por ciento de su cuerpo), quien contendió a la presidencia de la República Checa en 2016.

    Por otra parte, los tatuajes se han realizado también no solo como rituales de paso, sino como marca a prisioneros judíos para reconocerlos e ingresarlos a los campos de concentración.

    La palabra tatuaje proviene del samoano tátau que significa marcar o golpear. Sin embargo se integra al español partiendo de la latinización del vocablo francés: tatouage.

    Las referencias del tatuaje más antiguo corresponden a los que mostraba el cuerpo de un cazador neolítico, fechado hace 5300 años. Se le nombró Otzi, el hombre de hielo, y mostraba la espalda y las rodillas tatuadas con rayas y puntos. Se encontró en los Alpes de Otzal, en septiembre de 1991, sepultado por un glaciar en la frontera entre Italia y Austria.

    En la historia de los tatuajes en América dan cuenta de un ritual de paso (pubertad) o bien, se realizan para conmemorar a los caídos en batalla. Sin embargo ha sido Polinesia la región del mundo con mayor tradición de tatuajes (recordemos que es de Samoa de donde surge el vocablo original: tátau). Específicamente la etnia maorí que emigró de la Polinesia hacia Nueva Zelanda, es la que muestra una tradición sostenida. Desde pequeños los niños son tatuados, y sin considerar el sentido estético que también importa, el tatuaje confiere jerarquía, sirve como elemento integrador y de respeto. Son famosos tanto por los tatuajes de guerra. Y así como usaban sus gritos y expresiones faciales deformantes, los tatuajes abonaban para amedrentar y atemorizar a sus rivales.

    En el antiguo Egipto sobre todo las mujeres tatuaban su cuerpo y esto les otorgaba funciones protectoras y mágicas. Tenemos el caso de la sacerdotisa Amunet, cuya momia dejaba ver tatuajes similares a los del Hombre de Otzi.
    Los japoneses también fueron seducidos por el tatuaje modificando sus percepciones, pasando de marcar a quienes cometían faltas para hacer visible el repudio, hasta integrarlo también entre sus monarcas.

    Los estudios de tatuajes en occidente tienen su origen en el intercambio marítimo. Sí, luego de los viajes del capitán Cook  hacia las islas polinesias, los marineros aprendieron de los maoríes y de otras etnias las formas de tatuar. Se dice que fue en Nueva York donde se abrió el primer estudio de tatuajes en 1870, como resultado de estas navegaciones.

    En Saltillo, los tatuajes se adhieren a las pieles de la totalidad de las esferas socioeconómicas. Esta tradición inició su boom con el estudio de Ramón Pérez El Tigre, famoso precisamente por sus “rayas”, a las que recientemente ha incorporado figuras geométricas y espinas.

    Ahora han proliferado estudios en este campo, y quienes tatúan son egresados de artes visuales, diseño, o bien, personas disímbolas con interés por las artes o por los tatuajes, quienes acuden a formarse, sirviendo de apoyo a los estudios ya establecidos para obtener conocimientos.

    Los tatuajes aplicados como castigo, estigma, o bien, formando parte de los elementos  decorativos, eróticos, rituales o mágicos, son parte de la historia de la apropiación del cuerpo que permite a través de sus códigos, “leer” a la persona que los porta.
     
    claudiadesierto@gmail.com

    Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

    Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

    Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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