El 12 de diciembre de 2015 emergió el Acuerdo de París como un hito histórico en la alianza internacional para luchar contra cambio climático. ¿Qué ha pasado desde entonces?

El Acuerdo de París, un hito histórico en la alianza internacional sobre cambio climático, nació con el reto de los países de limitar el calentamiento más allá de 1.5 grados respecto a niveles preindustriales y aunque en la actualidad mantiene un estrecho margen de maniobra, todavía hay motivos para la esperanza.

El 12 de diciembre de 2015, en la Cumbre del Clima de París (COP21), 195 países y la Unión Europea fijaron una senda clara para afrontar el desafío climático futuro, que este viernes ha dado un paso de gigante con el acuerdo alcanzado por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea de fijar su meta de reducción de emisiones en, al menos, 55 % para 2030, respecto a niveles de 1990.

Esta reducción de las emisiones sitúa a Europa como líder en la lucha contra el cambio climático, y refleja un claro aumento de la ambición de los países a la par que sienta las bases para un nuevo modelo de economía verde.

Desde París, las emisiones de CO2 han aumentado de 53,000 millones de toneladas en 2015 a los 55,000 millones de toneladas actuales, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), que apela a quintuplicar la ambición del Acuerdo para evitar una catástrofe climática.

En la misma línea, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte de que el planeta avanza hacia un calentamiento global de 3 a 5 grados a finales de este siglo, en lugar de mantenerse en los objetivos de París (1.5-2 grados), un hecho que desataría eventos climáticos extremos.

El último estudio de la Red de Acción Climática (CAN), publicado hace unos días, detalla que de los 58 estados más contaminantes del mundo ninguno sigue la trayectoria adecuada para cumplir con París, pese a que se perciben mejoras, y es Suecia la que lidera los esfuerzos nacionales contra el calentamiento, en contraposición a Australia, Rusia y Brasil con una actitud climática muy baja.

Por el contrario, China, uno de los países más contaminantes, responsable del 28 por ciento de las emisiones globales, ha sorprendido al anunciar recientemente la neutralidad en sus emisiones en 40 años, es decir, que a partir de 2060 la segunda potencia mundial no va a liberar CO2 adicional a la atmósfera.

Meses atrás, el ahora presidente en funciones de Estados Unidos, Donald Trump, asestó un duro golpe al impulso internacional, notificando a Naciones Unidas la retirada formal de su país del pacto, en pro de una mejora de los intereses económicos para la nación y alentando a otros países, como Brasil y Australia, a distanciarse de los esfuerzos climáticos.

Esta decisión se vió truncada tras las recientes elecciones presidenciales estadounidenses con Joe Biden como ganador y con la pretensión inmediata del nuevo presidente electo de dar un nuevo impulso al, hasta ahora, agónico tratado.

La vuelta de Estados Unidos significa recuperar el objetivo tan importante del Acuerdo de evitar que el incremento de la temperatura media global supere los 1.5 grados respecto a niveles preindustriales.

En España, la vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, señala que hay motivos para el "optimismo" por su alto grado de nivel de responsabilidad, lo que explica que sea valorado como un país "ambicioso e interesante", además de motor de la transformación verde en Europa.

En estos años se ha avanzado "muchísimo", aunque combatir el cambio climático no es una carrera lineal sino progresiva, señala Ribera, para quien el cierre de más del 90 por ciento del parque térmico del carbón en apenas 2 años fue una reconversión "muy dolorosa" para los afectados, pero era antieconómico y había que generar otras alternativas.

"Lo difícil es romper décadas en las que este tipo de temas no eran percibidos de esta manera", asegura la ministra. 

Ciudad de México y Guadalajara entre las 50 ciudades prevén reducir 1,9 gigatoneladas de emisiones para 2030

 

Medio centenar de ciudades agrupadas en la red C40 en contra del cambio climático, incluidas Barcelona o Buenos Aires, señalaron este viernes que sus planes de acción climática evitarán que se liberen a la atmósfera al menos 1,9 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero entre este año y 2030.

Su análisis avanzó que cumplirán así "con su parte correspondiente" de reducción de las emisiones para mantener el aumento de las temperaturas mundiales por debajo del objetivo de 1.5 grados del Acuerdo de París, el nivel que los científicos coinciden que es necesario alcanzar para afrontar la crisis climática.

"Los datos confirman que estos planes de acción climática, cuando se apliquen plenamente, protegerán a los residentes, crearán puestos de trabajo, abordarán la desigualdad" y harán frente al calentamiento, señalaron en un comunicado, publicado la víspera del quinto aniversario del pacto climático sellado en la capital francesa.

Entre las ciudades que van por el buen camino se encuentran también París, Londres, Los Ángeles, las mexicanas Ciudad de México y Guadalajara, las brasileñas Curitiba, Río de Janeiro o Salvador, Medellín (Colombia) o Ámsterdam.

"Estamos convencidos y vemos cada día que mediante la acción muy concreta y a escala local avanzamos y encontramos las soluciones para reducir el alza de las temperaturas", dijo la alcaldesa parisina, Anne Hidalgo, en un foro virtual que reunió a regidores de distintas partes del mundo para reafirmar su compromiso.

Entre los planes de las distintas urbes se incluye la previsión de Ciudad de México de abrir más de 100 kilómetros de corredores de transporte público para 2024, el de dar prioridad a la producción de alimentos locales de Sao Paulo o el de plantar 100,000 árboles en Buenos Aires para 2025.

La red C40 reúne a 97 grandes ciudades para federar sus esfuerzos en la lucha contra el cambio climático.

En concreto, su programa Deadline 2020, iniciado en 2016, trabaja con ellas para elaborar y ejecutar planes que permitan adoptar medidas coherentes con los objetivos del Acuerdo de París y aborda la necesidad de reducir las emisiones o de adaptarse a los objetivos del cambio climático y obtener beneficios sociales.

"Hay que construir la ciudad del siglo XXI, una ciudad menos contaminada, que aporte soluciones. Una ciudad más sana, más fácil para vivir, con menos ruido", apuntó la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en su intervención a distancia.

La pandemia, según añadió su homólogo de Buenos Aires, Horacio Rodríguez, fue un catalizador de esos cambios, al impulsar por ejemplo la creación de carriles bici o facilitar a los restaurantes la apertura de terrazas.

Las 1.9 gigatoneladas de emisiones que podrían evitarse con su acción conjunta equivalen, según su comunicado, a la mitad de las emisiones anuales combinadas de los 27 Estados miembros de la Unión Europea.

Por ello subrayaron la importancia de que los Gobiernos nacionales las tengan en cuenta: "Es fundamental que las ciudades estén presentes en las negociaciones para poder alertar a los gobernantes de nuestro peso", concluyó el alcalde bonaerense.