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La antología “Entre el largo desierto y la mar” recorre a través de las décadas la obra de Alfonsina Storni, aclamada poeta argentina que en 1938, enferma de cáncer y depresión, se aventó al mar desde una escollera. La otra versión, como cuenta Alberto López, es la romántica: “se internó lentamente” en las aguas. Poco antes del suicidio escribe el poema “Voy a dormir”, donde anuncia su partida. Los versos inspiraron la famosa canción “Alfonsina y el mar” que ayudó a consolidar el mito: la mujer que se quita la vida al no soportar el desamor, encasillando injustamente el trabajo y la aventura literaria de una de las voces más inspiradoras de su época. 

Alfonsina escribió con una lírica musical profunda de sencillez poética difícil de imitar. En las páginas del citado libro notamos cómo su estilo se pule y fortalece con los años. Pero aún no hemos aprendido a leerla. Marilyn Bobes, en el prólogo, explica: “Características como la ironía, el desacato e incluso la intelectualización, eran patrimonio de un mundo exclusivamente masculino que sólo se mostraba tolerante con las escritoras cuando estas asumían una función decorativa en los salones, declamando, entre los peplos griegos que dejaban traslucir sus encantos, la aceptación de su debilidad y de su sometimiento, aquello que Jorge Luis Borges, refiriéndose a la propia Storni, denominaba ‘chillonería de comadrita’”. Este último comentario también hay que leerlo en contexto, pues fue puesto sobre los primeros poemas de Alfonsina, quien en ese momento hacía lo que se esperaba de ella en términos literarios.

 

La poeta fue desde niña muy sensible. La infancia difícil marcó a la pequeña, quien se liberaba, como narra, diciendo mentiras a diestra y siniestra. Hasta que en su adolescencia, cuando tenía 14 años, su padre murió y ella tuvo que enfrentarse a la vida. Es la fecha en la que cambia las mentiras por la escritura, a la par de los múltiples trabajos que hacía desde chica (mesera y lavaplatos en el negocio familiar). Su biógrafa Josefina Delgado comparte las palabras de Storni: “A los doce años escribo mi primer verso […] Hablo de cementerios, de mi muerte. Lo doblo cuidadosamente y lo dejo debajo del velador para que mi madre lo lea […] tras una contestación mía levantisca, unos coscorrones pretenden enseñarme que la vida es dulce”.

 

Es cierto que muchos poemas de Alfonsina hablan de la muerte o mejor dicho, de la depresión que padeció. Pero desde los primeros libros, aparte del amor romántico que luego fue cambiando de tono, consolida una crítica a la desigualdad social que vivían las mujeres. Muchas veces la tildaron de “resentida”, adjetivo injusto. Como si denunciar una realidad tan grave como esa fuera una ridiculez. Recordemos que Storni fue “madre soltera”, como despectivamente se dice, y debió pasar por todos los insultos y señalamientos del mundo. En su famoso poema “Tú me quieres blanca” aborda el tema de la pureza exigida a las mujeres, mas no a los hombres: “Tú que el esqueleto / conservas intacto / no sé todavía / por cuáles milagros, / me pretendes blanca / (Dios te lo perdone) /me pretendes casta / (Dios te lo perdone), / ¡Me pretendes alba!”.

 

En las reseñas y en los libros de historia, Alfonsina a veces aparece como modernista o vanguardista tardía. No hallan muy bien dónde ubicarla. Su voz posee un sonsonete rubendariano, como de otra época; aunque el discurso es visionario. Antes que las europeas como Simone de Beauvoir o Virginia Woolf, Storni habló de lo que no se decía. Entra en terrenos prohibidos, para entonces, a las mujeres. En periódicos y revistas se pronunció a favor del voto femenino y otras causas polémicas de su tiempo. A pesar de que auguraba la muerte en sus poemas, confió en la supervivencia de su palabra: “Naturaleza, gracias por este don supremo / Del verso, que me diste”, escribió.