En marzo de este año se cumplieron 180 años de la firma del Tratado de Paz y Amistad que formalizó las relaciones diplomáticas entre México y Francia. Durante cerca de dos siglos, ambas naciones han logrado construir una sólida amistad en la que, sin olvidar los momentos difíciles, ha prevalecido la admiración mutua, los intereses compartidos en torno a una comunidad de valores universales y el diálogo intelectual.

La coyuntura política y social que viven México y Francia da fe de la gran relevancia que la relación entre nuestros países sigue teniendo para encontrar respuestas colegiadas a nuestros retos actuales. El "modelo francés", por ejemplo, es referencia mundial por la eficacia con la que el Estado logra redistribuir la riqueza y proteger a sus ciudadanos en situación de enfermedad, desempleo o vejez mediante servicios públicos de alta calidad. Incluso bajo la presión que existe actualmente para reformar el papel del Estado francés, sobre todo en aras de su viabilidad financiera en el largo plazo, existe un consenso político sobre la necesidad de garantizar un mínimo de prestaciones para todos que compense las desigualdades atribuibles al origen social o geográfico.

Por otra parte, en un contexto marcado por el aumento del unilateralismo en algunos actores internacionales, Francia y México comparten el interés de defender y fortalecer un sistema basado en reglas como único medio eficaz para garantizar la paz y la estabilidad mundial. De las múltiples coincidencias que existen en foros multilaterales, destaca la iniciativa franco-mexicana para restringir el uso del veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas en casos de atrocidades masivas.

En el ámbito cultural, México palpita en la obra de Jean-Marie Gustave Le Clézio, de Breton, Artaud y Péret, por mencionar algunos de los franceses más conocidos que han pasado por nuestras tierras. En Francia, los creadores mexicanos, entre los que se encuentran Octavio Paz, Carlos Fuentes, Diego Rivera, Frida Kahlo o Francisco Toledo, hallaron un lugar de primer orden en las vanguardias literarias y plásticas del siglo XX.

Nuestro deber como diplomáticos es crear las condiciones para que a estos nombres se sumen los de los jóvenes franceses y mexicanos que en nuestros días mantienen vivo el diálogo cultural entre los dos países, ya sea mediante intercambios estudiantiles y científicos o residencias artísticas.

También debemos aprovechar el potencial de Francia, la quinta economía mundial, como socio para avanzar hacia una indispensable diversificación de nuestro comercio internacional. Potencia agrícola, el mundo rural francés puede ser, además, fuente de ideas para la reactivación del campo mexicano bajo criterios de sustentabilidad y rentabilidad.

Este 14 de julio, que conmemora la toma de la Bastilla, símbolo del poder omnímodo, los mexicanos celebramos a una república amiga que inspiró nuestras luchas, por la Independencia y la Soberanía de la Nación, y a un aliado estratégico que, en la confusión del mundo actual, valora la voz de México y le reconoce todo su peso como país clave para la gobernanza mundial. Juntos, Francia y México trabajan para demostrar, contra el escepticismo que priva, la plena vigencia de los principios republicanos de Libertad, Igualdad y Fraternidad.