El cocuyo. Foto: PLÁCIDO GARZA

Les platico: también soy…

El que hace 1,461 días volvió a las andadas después de 15,351 de hacerlo a diario en mi Alma Máter, El Norte.

El que también exactamente hoy después de 366 días, en pleno apogeo de la bestia bisiesta mal llamada pandemia, con mi amigo Jorge -el de Mérida, no el otro malnombrado de aquí- comencé a darle forma a DETONA para que naciera 124 días después con los peores augurios por venir a nadar como los salmones, contra la corriente editorial e incluso comercial, y que hoy logra sacar la cabeza de las turbulentas aguas en que nada, para tomar aire, como buen anfibio que es éste al que con cariño llamo “periódico” y no “portal” como ahora se estila llamarles a los periódicos.

Sí, soy el que lanza la intuición por delante, pero abrazada siempre por el dato de mi BigData, que alimenta lo que escribo y también lo que de otros edito en mi peculio.

El que a veces les hace creer a los ilusos alucinados, que se refugia en la esquina del boxeador semi noqueado, para de pronto levantarse y volar con la alada persistencia de una mosca.

El que siendo un aspiracionista nada egoísta, como buen clasemediero, dejó hace muchos domingos de ir a misa y que le confiesa al Dios de Spinoza, que ha pecado por el solo hecho de ser media de seda, de punto, de nylon y algodón, teñidos de malos pensamientos lo que hace, lo que dice y más aún lo que a diario escribe.

El que sin desparpajo alguno les sugiere -porque él no aconseja- a algunos que conoce, que de vez en cuando digan la verdad, para que sus mentiras cotidianas sean creíbles.

El que predica y pregona que el cambio de opinión, es una muestra tangible de civilización.

El que se come sus prejuicios cuando ve a alguien responder correcto y bien.

El que es de bajo mantenimiento porque lo único que necesita para vivir, es amor y que lo abracen.

El que ha aprendido que cuando alguien dice “lo veo” o “ahí te aviso”, en mexicano eso significa “NO”.

El que a duras penas se ha convencido de que los zombies, ya siendo muertos, no reviven.

El que celebra sin decoro la pérdida de registro de los partidos parásitos y anhela que unos más también lo pierdan.

El que está seguro de que si al Verde le confieren la Secretaría del Medio Ambiente, sería tanto como darle a Félix Salgado Macedonio la dirección de cualquier sucursal de Alcohólicos Anónimos.

El que acaba de descubrir en un Larousse Ilustrado de papel, que el nombre científico de Dolores Padierna, Elba Esther Gordillo, Delfina Gómez Alvarez, Marcelo Ebrard, Arturo Herrera, Esteban Moctezuma, Adrián de la Garza, Raúl Gracia, Zeferino Salgado, Octavio Romero Oropeza, John Ackerman, Dante Delgado, Jaime Rodríguez, Hugo López-Gatell, Tatiana Clouthier, Rocío Nahle, Gerardo Fernández Noroña, Alfonso Durazo, Martí Batres, Alejandro Moreno, Alfonso Romo, René Bejarano, Pablo Gómez y Alberto Anaya, es “rémora”.

El que cual cocuyo, nació sabiendo volar y para que no lo confundan con las indefensas, inocentes y dejadas luciérnagas, presume su dos postas amarillas sobre el lomo, porque, como dijo Neruda: “qué haríamos sin el color amarillo?”

CAJON DE SASTRE
“Ándale, vámonos a SAT, y regresando, a Hualahuises”, me apura la irreverente de mi Gaby, ya con un pie en el estribo.