Venta de pan en Israel alimenta polémica sobre identidad nacional
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<span style="font-weight: bold;">Jerusalén.-</span> Los judíos de todo el mundo conmemoran el Pésaj, la Pascua de los panes ácimos, en medio de una nueva polémica en Israel por la venta de pan durante la festividad, con implicaciones sobre la naturaleza del Estado hebreo.<br>
La festividad, que comenzó anoche con la tradicional cena del 'Seder', dura siete días en Israel y ocho fuera de este país, y en ella los judíos recuerdan el Exodo en Egipto durante la época del bíblico Moisés, hace unos tres mil 500 años.
La Biblia ordena a los judíos que en esos días sólo coman panes ácimos (sin levadura), porque sus antepasados no tuvieron suficiente tiempo para esperar a que subiera la masa antes de abandonar Egipto después de las 10 plagas.
Ese es el principal mensaje de esta fiesta, la de 'contarás a tu hijo cómo fuiste esclavizado en tierra de Egipto durante 400 años y Dios te sacó de allí con gran poder', todo ello en un recuento a través de elementos recordatorios como el pan ácimo.
Pero más allá de lo anecdotario, para el judío observante el Pésaj es un auténtico quebradero de cabeza, pues a la fiesta precede una limpieza a fondo de su casa para evitar que quede la más mínima miga de pan, o de cualquier otro producto leudante.
'La limpieza yo la comencé hace tres semanas', dijo a Notimex Li Sadik, una mujer que, sin ser excesivamente religiosa, considera que se trata de una tradición que vio en su casa y le gusta seguir.
'No llego a las dimensiones de limpieza de los ortodoxos, pero creo que el Pésaj es también una buena excusa para hacerle una limpieza a fondo a la casa y tirar todo lo que no sirve', expuso.
El objetivo de la limpieza, según el dogma religioso, es que en la vivienda no quede absolutamente ningún producto con levadura, porque según algunos comentaristas de la Biblia el ver el pan está tan prohibido como comerlo.
El 81 por ciento de los judíos israelíes, según un reciente sondeo, no consume pan durante la fiesta, y lo sustituye por una galleta cuadriculada, plana y punteada, que es fabricada sin levadura, en cumplimiento del precepto bíblico.
El precepto incluye la tradición de quemar en un hoguera todo resto de pan que haya quedado en la casa antes de que caiga el sol y comience la fiesta de la 'libertad' por excelencia del pueblo judío, pues según la Biblia el Exodo fue la primera vez que los judíos actuaron como nación y con la conciencia colectiva de un pueblo.
Dicha conciencia colectiva está cada vez más en tela de juicio en Israel debido las incesantes disputas entre las fuerzas ultraortodoxas -que abogan por un estado teológico- y las progresistas -que desean un Estado moderno en el que se respeten las libertades de todos sus ciudadanos.
La última de estas luchas rodea precisamente esta fiesta y se ha convertido en un auténtico debate sobre la identidad que debe tener el Estado de Israel.
'íEs ridículo! ¿Ahora toda la identidad judía pasa por una pita (pan típico de la zona)?', se preguntaba abiertamente hace unos días la diputada progresista Zehava Galón, durante un encendido debate en el Parlamento israelí.
La sesión fue convocada con carácter de urgencia por las facciones ortodoxas para presentar un proyecto de ley tendiente a prohibir la venta de pan y leudantes en los días de la fiesta, después de que un juez fallara en favor de una pizzería que el año pasado abrió su establecimiento durante el Pésaj.
La pizzería fue multada y demandada por violar una ley que prohíbe 'exhibir' productos leudantes durante la fiesta en lugares públicos, pero ganó el juicio alegando que el establecimiento es de propiedad privada y por tanto puede hacer en él lo que quiera.
Sin quererlo, el juez en cuestión abrió un debate que llegó hasta el plenario legislativo, y desató una polémica que está lejos de acabar.
'El año que viene les aseguro que habrá una ley de Pésaj', declaró el diputado Eli Yishai, líder del partido ultraortodoxo Shas, concediendo a los liberales la victoria aunque sólo de forma momentánea.
Shas, que forma parte del gobierno que dirige el primer ministro Ehud Olmert, ha prometido a sus electores que fomentarán una ley para prohibir totalmente el pan en estos siete días, y cuyas posibilidades de ser aprobada son altas porque cuenta con el apoyo de diputados que no son religiosos.
'Personas como yo, que no llevamos una kipá (el solideo judío para cubrir la cabeza) pero que vivimos de acuerdo a unas tradiciones ancestrales, no queremos ver el fenómeno de vender pan en Pésaj en el Estado de los judíos', sostuvo en el mismo debate Yoram Marciano, diputado del Partido Laborista.
Como él hay numerosos israelíes que no siguen escrupulosamente las leyes religiosas pero que consideran que esa costumbre forma parte de la identidad judía, y que por tanto merece ser respetada.
Frente a ellos, los que defienden la libertad de que cada uno haga lo que quiera, porque un Estado moderno, como aspira a serlo Israel, debe estar regido por los principios democráticos y no por la coerción religiosa.
Mientras tanto, este año, grupos de ultraortodoxos han organizado en diversas ciudades 'comités de acción' para personarse en establecimientos que vendan pan durante la fiesta e impedir que los laicos puedan comprar el producto.