Un ser mitológico

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Opinión
/ 18 febrero 2013

Existe una criatura mítica que cohabita en el catálogo de críptidos y otros monstruos de leyenda junto al Sasquatch, el Kraken, el Hombre Polilla y el Chupacabras.

Nos referimos al Perfecto Bueno Para Nada.

Ojo, no hablamos del vago holgazán cualquiera sin oficio, beneficio ni línea crediticia que figura en todo árbol genealógico.

Nos referimos, como ya dijimos, a "El" Bueno Para Nada, total y perfecto, un primate antropoide que sería difícil de distinguir de un verdadero ser humano y cuya principal característica es una presunta carencia absoluta de talentos, cualidades o virtudes.

Los científicos no han podido demostrar su existencia, no obstante en varias y repetidas ocasiones se creyó haber encontrado alguno de estos ejemplares, pero resultaron ser ineptos ordinarios.

Sucede que en realidad somos todos, en mayor o en menor medida, buenos para algo.

Hay personas muy, muy talentosas en muchos ámbitos y disciplinas, mientras que otras ocultan bajo numerosas y gruesas capas de incompetencia sus escasísimas habilidades que, sin embargo, existen.

Ocurre otras veces que algunos pasan por completos inútiles dado que su particular talento resulta tan peculiar que no tiene ninguna aplicación práctica ("pues yo puedo distinguir muy bien la mantequilla de la margarina"), o bien porque su habilidad sólo sirve para joder al prójimo (como la facilidad que tienen algunos para la estafa, el embuste y el chanchuyo).

Así que, algunos disfuncionales y otros nocivos, pero no por ello inexistentes; todos poseemos algún don, y el que no hace una estupenda salsa molcajeteada, toca el arpa o es bueno al menos para administrar su tarjeta de puntos.

No obstante, el mito del completo Bueno Para Nada persiste desde la antigüedad hasta nuestros días y es precisamente por la eventual aparición de personajes en apariencia desprovistos de toda gracia o aptitud.

El Príncipe Carlos de Inglaterra, por ejemplo, fue durante mucho tiempo el insulso por antonomasia y el favorito de la prensa. Pero esa rara habilidad que tienen sus hijos para meter a la Corona Británica en líos diplomáticos tuvieron que sacarla de algún lado y no fue de su mamá.

También, de quienes han ocupado la Presidencia Municipal de Saltillo se ha presumido una total ineptitud (deducible por el desordenado crecimiento de esta capital), pero en realidad de nuestros ilustres ediles, el que no salió bueno para los negocios personales resultó excelente para jugarle el dedo en la boca a los ciudadanos (¿cómo estás, Jericó?).

Hubo sin embargo un Alcalde -aparte del actual- que brilló por anodino, al igual que lo hizo su administración por insustancial: Fernando "El Diablito" de las Fuentes.

Llegamos a pensar los saltillenses que De las Fuentes Hernández era ese ser mitológico al que nos venimos refiriendo y cuya existencia no ha podido la ciencia corroborar.

Y ahora que lo tenemos de regreso buscando contender por la Alcaldía sarapera, sería una verdadera lástima ver su de por sí escaso talento desperdiciarse en un segundo periodo al frente del Ayuntamiento. Sería una lástima por él y por nuestra ciudad.

Yo sé en cambio en qué sitio podría ubicarse De las Fuentes Hernández para prestarnos un inestimable servicio.

Es una tarea sencilla (estoy seguro de que hasta él la puede realizar), pero de capital importancia. Es una misión que cumpliría mejor que cualquier otra para la que se haya elegido y demostraría que después de todo sí tiene un propósito en la vida.

Si en verdad nos quiere hacer el favor, podría ubicarse en un lugar con una vista privilegiada (El Mirador, por ejemplo) y ponerse a observar el firmamento.

Que observe, que vigile, que mire con atención y en silencio. Que permanezca allí los días (los años) que sea necesario.

Y si detecta que algún meteorito va a caer sobre Saltillo, que dé la voz de alarma.

Lo mantendríamos ocupado, lejos de donde pudiera ocasionar mayores perjuicios y seguro que hasta De las Fuentes podría cumplir con esa delicada encomienda liberándose de esa presunción de que es el Perfecto Bueno Para Nada.

Columna: Nación Petatiux

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