Diana: El Secreto de una Princesa

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Opinión
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Mañana se cumplen 17 años de la muerte de la Princesa Diana en un accidente automovilístico propiciado por la persecución de unos paparazis al automóvil en el que viajaba con su novio Dodi Al-Fayed.

 Justo las vísperas de aquel fatídico accidente es lo que el cineasta alemán Oliver Hirschbiegel utiliza como el detonador de la historia de Diana: El Secreto de una Princesa (Diana), la controvertida película biográfica que protagonizó la actriz australiana dos veces nominada al Oscar Naomi Watts en el personaje protagónico de la misma y que desde fines del año pasado fue vapuleada por muchos críticos al grado de que alcanzó una para un servidor inmerecida doble nominación a la Frambuesa de Oro a la Peor Actriz de 2013.

 Vayamos por partes: Diana: El Secreto de una Princesa se remonta a partir de su inicio la noche del trágico 31 de agosto de 1997 a la etapa posterior a la aparentemente glamorosa vida de Princesa de Lady Diana Spencer, una mujer que ajena a la realeza saltó al ojo público al convertirse primero en la prometida y después en la esposa del Príncipe heredero de Gales, Carlos, hasta que la amarga vida conyugal que vivió posteriormente al lado de su esposo por estar el en realidad enamorado de su novia de toda la vida, su actual esposa Camilla Parker, Carlos y Diana se divorcian propiciando el enojo y resentimiento de la Reina Madre.

 En ese contexto, Diana (Watts) combina una vida íntima monótona y sombría con el activismo filantrópico que la caracterizó hasta los últimos días de su existencia hasta que en medio de estas actividades que prácticamente eran las únicas junto a sus hijos que le daban un sentido e ilusión como persona, conoce a un médico de origen pakistaní de nombre Hasnat Khan (Naveen Andrews).

 Es cuando entran en acción los villanos principales de la historia y a final de cuentas los verdugos de Diana, los paparazis, ya que al enterarse estos de manera fortuita que la ex Princesa vive un romance con el cirujano obstaculizan de una forma y otra los frustrados intentos de la pareja en llevar una relación sentimental lo más normal posible puesto que el cirujano inclusive la lleva hasta a su país natal.

 Como dijimos al inicio de este comentario, Diana: El Secreto de una Princesa, con todo y el desafortunado subtítulo en español que le dieron puesto que en este caso es hasta inexacto porque oficialmente Diana ya no era Princesa al divorciarse del Príncipe Carlos, si bien no alcanza el nivel del genial retrato de los últimos días de Adolfo Hitler que el mismo director Oliver Hirschbiegel hizo hace una década en la nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera de 2004 que fue La Caída, tampoco es la biografía tan apestada que han considerado injustamente muchos porque cuando menos da una aproximación muy exacta y de alguna manera voyeurista a esa tirante etapa de Diana por alcanzar una felicidad que por desgracia no encontró ni con Dodi Al-Fayed. Dése oportunidad de verla.

Comentarios a: alfredogalindo@hotmail.com; Blog: alfredogalindo.com; Twitter: @AlfredoGalindo




Productor, Director y Guinista de cine. Columnista del periódico Vanguardia desde 1995, escribe sobre música, cine y televisión. Combina la pasión de escribir con la creación cinematográfica.

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