Congreso femenino entusiasmante
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Alguno que acumulaba juventud afirmó que: somos tan viejos como nuestras decepciones y tan jóvenes como nuestras ilusiones.
Pero el diccionario se muestra poco favorable a esta última palabra. Ilusión -define- es un error de los sentidos o del entendimiento que nos hace tomar las apariencias por realidades. Un engaño pues.
De ahí viene el derivado ilusionismo como arte de producir fenómenos que parecen estar en contradicción con las leyes naturales. Lo logra la prestidigitación. Pero el mejor sinónimo que sugiere para ilusionar es: estar contento o entusiasmado. Bueno, entusiasmo es una hermosa palabra. Etimológicamente significa: inspiración interior de Dios
Se organiza, en breve, en esta ciudad, el Congreso de la Mujer, organizado por Familia Unida Saltillo. Ya es el vigésimo. Es regional y la temática se anuncia con una sola palabra: Reilusionarse. ¿Engañarse con apariencias? ¿Asirse a una esperanza quimérica? El enfoque certero del congreso es a la acepción positiva de alegría y entusiasmo. Y el prefijo Re se entiende como un segundo aire, como un intento más, como volver a poner en su lugar lo que se había dislocado o intensificar lo que se había disminuido.
En la mujer es fundamental la alegría y el entusiasmo. Es su atmósfera existencial. Es su aportación como ingrediente a la ensalada existencial de la aventura humana. Feminidad triste o desangelada es como una moneda falsa. Su peculiaridad es alegrar y poner brío y pasión en el caminar de la vida. Por eso el Congreso hablará de amor, de valores, de virtudes, de dicha y fortaleza, de dar y recibir y de iniciar cambios de mejoría.
Hay doctorados y licenciaturas en l@s expositor@s y experiencia de servicio educativo. El encuentro y convivencia de hermanas, hijas, primas, tías, novias, esposas, madres, abuelas y amigas es ya una riqueza relacional de conversación y comunicación fructuosa.
El resultado de esta valiosa iniciativa puede ser una comunidad reilusionada -en su mejor acepción- reencendida en la flama de una gran alegría y entusiasmo por su ser, vocación y misión de mujeres, en este milenio, en este siglo y en el verano de este año. Los ambientes familiares, laborales, cívicos, profesionales, sociales y políticos de esta región pueden verse revitalizados por una actitud recién estrenada de muchas mujeres renovadoras de esperanza.
Sería bueno que muchas aceptaran la invitación a reilusionarse para una vida plena y fecunda en frutos de humanismo, para una civilización del amor