Justicia Vs. Desarrollo
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El mundo pensó que no íbamos a llegar porque ignora que en México “la cosa es calmaaaada”, como diría el gran Clavillazo. El Presidente de la República y su gobierno lograron, en año y medio, lo que sus tres antecesores no consiguieron en dieciocho. El Pacto por México funcionó, las reformas estructurales son ya una realidad. Reforma Laboral, Reforma de Telecomunicaciones, Reforma Energética, Reforma Política y su propia versión de la Reforma Fiscal, avalada ésta sí, por la izquierda institucional mexicana.
Las mismas reformas a las que Peña Nieto y su partido se opusieron durante tantos años, son hoy una realidad gracias a ellos y a la dócil oposición de Acción Nacional, oposición leal del socio leal en el Pacto por México. La fiesta es de ellos aunque desesperadamente Madero quiera aparecer como dama de honor. La fiesta es toda suya aunque el PRD busque dar una imagen renovada de izquierda moderna. Una izquierda que debate y no sólo toma las tribunas del Congreso.
“La Reforma Energética representa una oportunidad histórica para que México aproveche sus recursos energéticos de forma racional, sustentable y con apego a los principios de soberanía nacional, eficiencia económica y utilidad social”. Así reza la página de Internet de la Presidencia de la República. Señala además algunos de los beneficios de la reforma: Fomentará el desarrollo económico y social de todos los mexicanos. El sector energético será más transparente. Se protegerá el medio ambiente, la población y los trabajadores. Protegerá la industria energética y la soberanía de México. La industria energética será más competitiva y eficiente. El sector energético seguirá apoyando el desarrollo del país.
En una economía estancada como la mexicana, lo que más necesitamos es esperanza: Creer que las cosas pueden mejorar. En la adversidad económica que atravesamos, es mucho lo que el gobierno y los partidos han prometido, es mucho el compromiso y enorme la expectativa.
Dieciocho años tardó el acuerdo político en una transición a la democracia que se quedó varada. Con todo, era lo más fácil. Ahora toca lo más difícil: el aterrizaje, la concreción. No hay duda que el Presidente tiene prisa para ofrecer resultados antes de 2015, así lo señalan sus 10 acciones inmediatas. Para el día hoy, dos días después de la promulgación de las leyes secundarias, tendremos ronda cero aprobada y conoceremos los campos que se habrán de licitar en ronda uno durante el primer trimestre de 2015.
Aun así, aterrizar la reforma implica, por lo menos, el nacimiento, crecimiento y multiplicación de otro aparato burocrático enorme que debe prepararse y ejercer sus facultades esperando que las burocracias paralelas hagan su parte. En cualquier escenario, dinero y organización son la solución.
Lo que no tiene solución sencilla, ni en el mediano ni largo plazo, es la reforma menos vista, la menos atendida y la que menos importa a la clase política. La reforma de justicia, el 98 por ciento de impunidad, el 75 por ciento de delitos no denunciados porque la sociedad no confía en sus instituciones de justicia penal.
La corrupción es un delito que se procesa en nuestras instituciones de justicia. Si algún funcionario público o empresario del sector energético, corrompe o se deja corrompe, el sistema de justicia actual no los castiga. Si las reformas marchan pero no sucede nada en materia de corrupción e impunidad, las reformas habrán fracasado, porque la justicia es transversal a todas las actividades de nuestro país. No podemos aspirar a la modernidad dejando abierta la puerta trasera a la corrupción y a la impunidad. Ya lo intentó Carlos Salinas de Gortari y fracasó. No habrá Perestroika sin Glasnost. Ahí está Rusia, su dictador y su dictadura.
Facebook: Chuy Ramirez
Twitter: @wchuyramirezr