Café Montaigne 220
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Ciudad literaria, de las más bellas del planeta, Londres es recorrida en dos publicaciones recientes que el azar ha hecho llegar a mis manos. Una de ellas una revista; la otra, un espléndido volumen. Asistimos gracias a las letras y ojos con los escritores que la han moldeado en el imaginario colectivo. Desde Tácito hasta Groucho Marx. La niebla, su mundo subterráneo, las posadas del dolor, su arte y ese empecinamiento en superar incendios, pestes e invasiones, hacen de Londres, una ciudad literaria por antonomasia. Y en este fresco de humanidad y vida, no puede faltar la lujuria y el erotismo.
Lo he contado antes, gracias al cronista de la ciudad, Armando Fuentes Aguirre, la ciudad obvia que es Saltillo, se volvió extraordinaria. Saltillo existe acaso porque el cronista lo deletrea en su fina prosa. La ciudad cobró vida luego de abrevar de las metáforas del periodista y narrador. ¿Cosa extraña? Absolutamente no. El inconmensurable Oscar Wilde decretó lapidariamente: “Antes de Turner no había niebla en Londres”. Joseph Turner pintó la niebla y a Londres y, paradójicamente la ciudad cobró su identidad y se hizo visible. Hoy, el azar ha conspirado para recibir publicaciones con un tema común: Londres, Inglaterra.
En un puesto de revistas, de los pocos ya abiertos en la ciudad, había un número atrasado de publicación National Geographic, el cual se le dedica a Londres. Luego en una librería, de las poquísimas abiertas sobrevivientes de la maldita pandemia china, conseguí el libro “Guía Literaria de Londres”, una antología de textos preparada y prologada por Joan Eloi Roca para una editorial española.
De colección el espléndido volumen. La revista igual, publica un buen reportaje sobre los trabajos que con motivo de un subterráneo y la construcción de varios edificios, han sacado a la luz el pasado oculto de una ciudad tan antigua como bella y protagonista de la historia es, por eso los editores de la revista lo han titulado “Bajo Londres”.
El escritor Roff Smith, deletrea: “Si se levanta el pavimento de una ciudad antigua como Londres, es posible que encontremos cualquier cosa, desde un fresco romano del siglo 1 hasta un par de patines de hielo medievales, incluso un diente de elefante”. Le creemos. No por algo, el gran Samuel Johnson escribió: “Quién esté cansado de Londres está cansado de la vida”. La nómina de escritores aquí convocados es una especie de dream team de la literatura universal. Fragmentos bien seleccionados, algunos de tan raros y extraños, que quisiera uno inmediatamente tener el volumen completo a la mano y seguir disfrutando dicho texto.
Es el caso de un fragmento del “Diario de Londres”, extraño volumen de James Boswell el cual estaba oculto y se descubrió hasta 1920. Tomando en cuenta, lector, que éste lo escribió en 1762. ¿Por qué es importante este diario? Porque Boswell se entrega sin pecado ni remordimiento a ese placer que jamás empalaga, al sexo, la lujuria, los placeres de la carne.
Esquina-bajan
Todo esto con una libertad que al dejarlo escrito, nos habla de una dimensión desconocida del autor de “Vida del Doctor Johnson”. Irreverente, sarcástico y poniendo el dedeo en el aguijón de la carne. Soberbio texto. Sobra decirlo, ni siquiera sabía de su existencia. Posteriormente nos detendremos en tan espléndido texto.
Los escritores convocados, es decir, aquellos que dejaron tatuada su pluma sobre Londres, y de los cuales se seleccionaron fragmentos generosos son entre otros: Mark Twain, D.H. Lawrence, Jack London, Henry James, Oscar Wilde. Pero también, Tácito, Antonio Ponz, Beda el venerable, Lord Byron, John Ashthon, sin faltar el más señero, Charles Dickens. Asoman un par de poetas sin un penique en sus bolsillos, los cuales hablan de una ciudad no pocas veces terrible y ominosa. Paul Verlaine y Arthur Rimbaud. De Francia ellos, se fueron a Londres luego de escandalizar a la sociedad parisina por su relación homosexual.
El primero había abandonado a su esposa y a su primogénito para vivir la vida loca al lado del terrible Rimbaud. Usted lo sabe, recalaron en Londres. Durante este tiempo vivieron de prestado. En condiciones precarias. Rimbaud pasaba los días en la sala de lecturas del Museo Británico, donde había “calefacción, plumas y tinta gratis”. Los dos poetas publicaron sendos anuncios en la prensa británica solicitando trabajo como maestros, secretarios, compañeros de viaje o tutores.
Ante la necesidad, la relación se enfrió y agrió. En 1873 Paul Verlaine regresó con su mujer e hijo a París. Cuando volvió a ver a Rimbaud, le disparó a éste. Poetas malditos ambos. Verlaine terminó en la cárcel. Sobre Arthur Rimbaud está construido nuestro patrimonio poético de casi todo el mundo. Pero volvamos a Boswell para terminar por hoy, este en su diario nos da santo y seña de una bebida afrodisíaca, el “Negus”. Bebida alcohólica con vino, específicamente uno muy seco, el oporto. Mezclado este con agua caliente, zumo de naranja, nuez moscada y azúcar. Boswell no duda en definirlo como un tazón “revigorizante”.
Cuenta Boswell, al consumirlo, beberlo, el afrodisiaco tuvo efectos en él: cinco eyaculaciones sobre la humanidad de una tal señora Lewis, la cual tenía “unos pechos blancos como la leche...”, lo cual no lo liberó de contagiarse de una gonorrea de pronóstico reservado.
Letras minúsculas
Caramba, habrá que prepararse semejante bebida.