Cerebro y bacterias

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Opinión
/ 3 abril 2022
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El mundo de la neurociencia nos entrega datos que nos hacen bien. En el caso de que nos encontremos en un proceso de curación física, sirve saber que somos una colonia bacteriana con algunas células humanas, y que en realidad estas colonias bacterianas son también responsables de nuestra salud, ya que actúan en colaboración. Estos procesos ocurren con y sin la participación del cerebro, es decir, sin nuestra voluntad.

Incluso la mayoría de los procesos que realiza nuestro cuerpo, no pasan por la aduana de nuestros mecanismos de razón. Cuando en un cuerpo saludable se presentan complejidades de salud, es conveniente conocer que el cuerpo mismo realiza innumerables operaciones para restituirla.

Nuestro cuerpo, sin que nos enteremos, prosigue trabajando en beneficio de la replicación de la vida a nivel celular, a nivel bacteriano, y ambos grupos actúan como entidades perfectamente organizadas e interconectadas en sus resultados.

Así como lo hacen las neuronas del cerebro, las bacterias se alimentan de proteínas. También, las bacterias hacen vida comunitaria en nuestros cuerpos, se comunican intensamente entre ellas -lo mismo que las neuronas-. Veamos pues con benevolencia a las bacterias, que en su justo número global, hacen toda la diferencia entre un organismo saludable y uno enfermo.

Además, como lo dijera el neurocientífico Antonio Damasio en su libro El extraño orden de las cosas, editado por Ariel, “algunas de nuestras propias células nacieron gracias a la incorporación de bacterias a sus estructuras”. Esto ocurrió de igual manera en la que las células con núcleo cooperaron entre ellas par construir tejidos, los que posteriormente dieron forma a órganos y luego sistemas, los cuales nos conforman, así como ocurre con el resto de las formas vivientes.

Como vemos, a nivel estructural el ser humano es el resultado de la comunicación de unidades de información que se expresan a través de formas microscópicas, y este es un planteamiento que en sí mismo, pareciera una fábula maravillosa.

El sistema nervioso que tanto nos gusta presumir como uno de los elementos que nos hace singulares como especie, apareció hace unos 600 millones de años. Sin embargo, este mecanismo no se encuentra en las bacterias. Así, habitamos un cuerpo que está guiado por instrucciones procedentes de neuronas y también de bacterias (entre otras tantas).

Ahora que más que nunca el estrés de un modelo de vida expoliador, impele a hacer listas de cosas por hacer, restémosle la infinita lista de procesos que el cuerpo realiza, entre las que se encuentra la contracción involuntaria del corazón, por ejemplo. La hazaña épica en estos tiempos, es darle al cuerpo una correcta alimentación y descanso para que continúe en un equilibrio que siga habilitando la vida y la salud unidas.

Los sentimientos también, como lo enunciara Damasio en su libro, viajan en estas mínimas unidades de información que ordenan nuestros cuerpos. Y es por ello que la observación del flujo de sentimientos en cada cuerpo es vital. Para Damasio los sentimientos “son el resultado de una asociación cooperativa entre el cuerpo y el cerebro, que actúan mediante moléculas químicas independientes y rutas nerviosas”.

Como vemos, no es un asunto anodino hablar de sentimientos pues están íntimamente relacionados con los procesos fisiológicos. Entonces, la amplia gama de sentimientos tiene una incidencia directa en la materia que somos.

Luego de encontrarme con Damasio, deberé andar con cuidado, revisar mis sentimientos con mayor atención, que son los que guían el mundo humano que hemos construido; sentimientos que también, se alojan en las bacterias y las neuronas, por decirlo de una manera metafórica.

El vocablo bacteria proviene del grueso bakteria, que significa bastón, báculo, vara o varilla, pues las primeras bacterias observadas tenían la forma de bastones.

Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

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