Hablemos de Dios 111

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Opinión
/ 10 diciembre 2022
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Aprieta el año en el calendario. Ya se va este 2022. Uno más donde hemos dividido nuestro tiempo y reflexión sabatinas en hablar de Dios y claro, nuestro “Café Montaigne”. Ambos temas, siempre inacabables y mucho, mucho por explorar y leer y reflexionar. Hablar de lo siguiente es tema de nunca acabar. Lo sé. Pero ha sido un tema pospuesto por muy diversos motivos y de hecho, creo recodar que lo toqué brevemente allá por el año 2018.

El tema es espinoso, pero usted véalo y tome lo que le interese, lo demás lo tira al cesto de la basura. Si usted tiene una fe de roca y está fe tiene raíces sólidas, hallazgos como los que le voy a platicar aquí sobre la antigüedad (cosa muy conocida, por cierto), no lo moverán un ápice de lo que usted cree. Así de claros vamos a ser el día de hoy.

Pues sí, hoy vamos a abordar (lo haremos en varias entregas subsecuentes) eso llamado como “Evangelios apócrifos”. Me voy enterando que hay al menos la friolera de 23 Evangelios apócrifos. Aunque tengo varias ediciones de los más, digamos, conocidos, he conseguido un pequeño opúsculo que es una maravilla en cuanto a esquemas, información directa y cruda, y aporta un entramado de línea de tiempo lo cual beneficia ampliamente al momento de reflexionar sobre todo esto.

El libro cuesta incluso, muy poco económico (cuando lo compré estaba en barata), es “¿Qué son los Evangelios apócrifos?” de la autoría de dos reputados teólogos y catedráticos, Giacomo Perego y Giuseppe Mazza, publicado para Ediciones San Pablo y con pie de imprenta 2011. Imagino en Internet hay sitios mil de esto, pero como a mi no me interesa visitarlos porque dudo de su información, autoría y seriedad, tomo los libros que tengo a la mano y hoy comento el anterior deletreado.

Si de por sí hablar de Dios es siempre discutible y la Biblia no es fiel y perfecta en todo (al menos para mí), pues ahora el abordar este tipo de escritos los cuales están a mata caballo, entre la ficción y la realidad, entre las “oídas” y la imaginación de cada autor, pues es tema de controversia y nunca acabar. Pero vale la pena porque al final de cuentas no somos lagartijas (las lagartijas no se hacen preguntas), sino humanos con una buena o gran dosis de preguntas, conocimiento insatisfecho y anhelo de ser. Curiosidad, dijo Fernando Savater. Por esto andamos (ando) a la búsqueda de Dios.

Ese inasible Dios que debemos de buscarle adentro, no afuera. Recuerde usted aquello de Marcos 7: “Escúchenme todos y entiéndanme. Nada que entre de fuera puede manchar al hombre; lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro”. En fin. En este libro pequeño, pero intenso, se glosan y se presenta línea de tiempo, comentarios y fragmentos de Evangelios tan extraños en su momento, como bizarras son las interpretaciones y lecturas que la gente les da hoy. Desfila un Evangelio de Judas, de Marción, de Nicodemo, de la Verdad, de los egipcios, de los ebionitas, de Santiago...

Esquina-bajan

Hay uno que me ha llamado la atención por el enfoque que le han dado los “nuevos lectores”, aquello de que el maestro Jesucristo amaba a una mujer (la famosa Magdalena, la cual en voz del trovador Joaquín Sabina, nunca le cobró) ya es cosa vieja y zanjada, lo que aquí se ha encontrado, dicen, es que don Jesús era... ¡homosexual! De locos. Hay un Evangelio “secreto” de Marcos descubierto en 1958 por Morton Smith (1915-1991). De tan secreto el documento, luego de que Morton lo exploró, lo glosó y lo dejó conocer al mundo sólo a través de sus fotografías, el manuscrito desapareció.

Aquí se narra, sólo contado por Morton, que hay dos pasajes “secretos” del Evangelio que usted y yo conocemos de Marcos, donde el maestro va y resucita a un jovencito rico al cual ya luego, Jesús “le enseñó el misterio del reino de Dios”, claro, por la noche. Caray, pues así anda el mundo hoy. Es decir, sólo hace falta que usted vaya a un puesto de revistas o a una buena y surtida librería (ya no las hay, puf) para ver la ingente cantidad de materiales con este tema, donde amén de citar en sus cintillos y portada que son los “últimos descubrimientos”, se apoyan en datos “científicos” y claro, dicen estar apoyados en documentos “secretos.” ¿Lo ha visto y oído todo lo antrior? Imagino sí.

Hay otro, le digo que son como 23, el Evangelio de Judas, el cual si usted recuerda, fue lanzado con bombo y platillo en 2006 por la revista “National Geographic” en el mundo todo y en todas sus ediciones. De aquí brincó a los diarios, televisión y plataformas. Lo bien cierto aquí es que el texto si es auténtico y lo menciona Irineo de León en el Siglo II. Esta secta, la de los cainitas, consideran que tanto Caín como Judas, cumplieron con un plan perfecto para que crucificaran a Jesús y se cumpliera la “salvación” y esta no fuera impedida. Judas, no traidor, sino héroe. Caramba, parte estoy de acuerdo. ¿Quién es el verdadero Rey en la tierra? Pues el Diablo y no Dios. Así lo dice Mateo, cuando el tremendo Satanás le ofreció a Jesús todos los “reinos del mundo y la gloria de ellos” siempre y cuando le adorase (Mateo 4: 1-25). ¿Por qué las ciudades son terribles desde siempre? Las fundó Caín, raíz de mala simiente, según la Biblia.

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Mucho por explorar y hacernos preguntas serias al respecto.

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