La elocuencia de Manolo contra la locuacidad de sus adversarios
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En un Salmo del Rey David es donde se inscribe una de las profecías más dramáticas de la Biblia; la traición de Judas Iscariote. “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar” (Salmos 41:9). Y así fue como Judas fue destinado a ser el más infame de los canallas, el receptáculo de odio de toda la cristiandad y un pretexto antisemita.
¿Por qué el Iscariote fue predestinado a cargar con una culpa de esa magnitud? Hay quien dice que Judas no es el anticristo sino el espejo de Cristo, el que hizo posible que se cumpliera lo escrito respecto a la redención de la humanidad.
¿Acaso los demás discípulos eran gente de fiar? Claro que no, porque después de que Cristo fue apresado en Getsemaní vemos cómo los apóstoles huyen, y es Pedro el que niega tres veces al Señor. Y pensar que fue en la debilidad humana de San Pedro donde se fundó la Iglesia católica.
Muchos recordamos cuando de niños nos asustaban con la llegada de los judíos, y en el Sábado de Gloria era cuando se quemaban los “Judas” en una tradición que debe regresar porque es cierto, ahora los “Judas” traidores de la política se han multiplicado, principalmente los que han traicionado al PRI y al PAN para irse a Morena, a pesar de que en ambos partidos les dieron todo para acceder al poder y al dinero público, que es lo que ahora buscan en la 4T, auténtica cueva de ladrones.
Por milenios el pueblo judío fue perseguido por cuestiones de raza y religión. Martín Lutero, artífice de la Reforma protestante, sembró el odio contra los judíos que luego heredaron los alemanes y el nazismo. Shylock es un ícono del antisemitismo ideado por Shakespeare, cumbre de la literatura anglosajona.
Asimismo somos contradictorios cuando nos ofendemos por la violencia del Islam, pero rezamos en grandes catedrales como la de Saltillo y de toda Hispanoamérica muchas dedicadas a Santiago Matamoros, o sea, al apóstol que aparece en toda la iconografía católica matando musulmanes.
Cierto es que la quema de Judas es una tradición de Semana Santa que se ha ido perdiendo. Una costumbre donde el pueblo suele representar a ciertos personajes políticos con monigotes que luego quema a manera de denuncia pública y que los marca como personajes nocivos de la sociedad.
¿A qué monigotes políticos colgaría usted frente a catedral para ser quemados por traidores? Bueno, que conste que no lo dice este columnista, lo dice Santana Armando Guadiana Tijerina (Morena) refiriéndose a Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja (PT) como el Judas que traicionó “a ya saben quién” o sea, al mesías tropical. Pero el que sugiere en su campaña que Santana Guadiana es un Judas que traicionó al PRI es Lenin Pérez Rivera (PVEM-UDC) mismo que ya olvidó que fue Alcalde de Acuña por el PRI del 2006 al 2009. El único que no acusa y respeta a sus adversarios es Manolo Jiménez Salinas (PRI-PAN-PRD), el candidato más joven y serio de todos, porque el silencio contra sus adversarios es la elocuencia política por excelencia, contrario a la verborrea de sus oponentes, una locuacidad que no dice nada, contra el silencio de Manolo que lo dice todo.