Mirador 1/08/2026

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Opinión
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Este abanico perteneció a Lucita de la Peña y Dávila, quien dejó el mundo hace 150 años.

El abanico es de encaje florentino color verde, y tiene varillaje de carey. Lucita lo escogió de ese tono porque el verde es el color de la esperanza, y su vida fue una espera continuada. Esperaba al galán que la desposaría. Varios llegaron a su reja, pero su padre y sus hermanos se los ahuyentaron todos. Ninguno les gustaba; uno por pobre; otro por jugador, el de más allá por masón o espiritista.

Lucita les decía a su papá y sus hermanos:

–Yo lo cambio.

Le respondía ellos:

–Más bien él te va a cambiar a ti.

Y le negaban su mano al pretendiente.

Nada dejó Lucita de la Peña y Dávila, pues no tuvo hijos.

Lo único que de ella quedó es este abanico de encaje florentino color verde, el color de la esperanza.

¡Hasta mañana!...

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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