NosotrAs: El corazón del cambio social
Cuando una mujer decide integrar su historia y mirarla de frente, encuentra la fuerza y la inspiración para cambiar su entorno
En México, alzar la voz no es un ejercicio retórico; es, en muchos casos, un acto de valentía física y política. En un país donde hablar de transformación no es una opción, sino una urgencia.
Hace menos de un año, tuve la oportunidad de sumergirme en un movimiento global de agentes de cambio. De los 300 participantes, más de 200 eran mujeres. No estaban allí por azar: eran mujeres que lideran iniciativas sobre violencia, salud mental, educación, derechos humanos, adicciones, acompañamiento e inclusión. Al escucharlas, comprendí una verdad fundamental: el cambio social en este país no nace de la teoría, sino de la piel, de la experiencia y de la acción situada.
EL FEMINISMO COMO BRÚJULA
El feminismo en México ha sido el motor que ha sacado de la sombra temas históricamente ignorados. No es solo una postura ideológica, es el movimiento que ha forzado la entrada de la brecha salarial, la carga desproporcionada de cuidados y la violencia de género en la agenda pública.
Nuestra naturaleza cuidadora no es sinónimo de pasividad; es, en realidad, una fuente de acción que nos mueve para construir un país más justo.
LA FUERZA DE LOS COTIDIANO Y LA “TRIBU”
Pero el cambio no solo está ocurriendo en las leyes o en las instituciones. Sucede en lo cotidiano, en las comunidades donde las mujeres están transformando su realidad con acciones unas grandes otras que parecieran pequeñas pero significativas.
Incluso la maternidad, lejos de ser un ancla, se ha convertido para muchas en un motor de resistencia: el deseo profundo de que las generaciones que vienen detrás hereden un México con menos miedo y más oportunidades.
Sin embargo, hay una certeza que atraviesa todos estos esfuerzos, ningún cambio ocurre en soledad:
- Redes de sostén: Abuelas que cuidan, amigas que escuchan, colegas que respaldan.
- Soberanía colectiva: Vecinas que vigilan y cuidan el paso de otras.
- La “tribu”: Ese tejido invisible que marca la diferencia entre rendirse o continuar.
LIDERAZGO, NO SOLO PARTICIPACIÓN
Hoy debemos dejar de decir que las mujeres “participan” en el cambio social. Es hora de reconocer que lo están liderando. El cambio social en México no es un esfuerzo individual, es un tejido colectivo construido con manos y voces que se entrelazan para sostener la vida donde el sistema ha fallado.
Reconocer esa red es fundamental para entender hacia dónde vamos. Porque cuando una mujer avanza, la red se tensa, se fortalece y comienza a impulsar a toda una sociedad hacia un horizonte más consciente y más humano.