NosotrAs: Entre lo global y lo cotidiano, la violencia persiste
Antes de hablar de empoderamiento, es necesario garantizar lo básico: transitar por el mundo sin miedo
Mapa Fuimos Todas es una iniciativa que usa tecnología para visibilizar el acoso en espacios públicos mediante datos ciudadanos.
Este marzo 2026, tras colaborar en el reporte de género de Nosotras para Ellas A.C., participamos en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer 70 (CSW 70, por sus siglas en inglés) en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Aunque cambiamos de ciudad, no cambiamos experiencias de movilidad. En Nueva York, un hombre se acercó a pedir indicaciones en el metro. Parecía un acto cotidiano, pero activó una alerta. Más tarde, insistió en obtener datos personales. En otro trayecto, un conductor de plataforma comenzó a hacer preguntas que, acumuladas, resultaron incómodas. No fue un hecho aislado, sino una suma de señales.
Desde Mapa Fuimos Todas, estos patrones son claros: muchos agresores inician contacto con preguntas “inofensivas”. Al contrastarse con datos, estos patrones revelan constantes: formas de aproximación que parecen cotidianas, pero funcionan como antesala para invadir límites e insistir.
Antes de hablar de empoderamiento, es necesario garantizar lo básico: transitar sin miedo.
La colaboración internacional nos conecta, pero también nos confronta con esta realidad.¿Podemos discutir el futuro de las mujeres en espacios globales, e incluso digitales, si en lo cotidiano seguimos habitando los mismos riesgos?
Sin embargo, estos episodios, aunque significativos, son fragmentos que no definen la experiencia en su totalidad. Caminar la ciudad con otras mujeres, descubrir espacios o compartir un matcha mientras conversamos sobre el rumbo de las organizaciones civiles, no debería verse interrumpido por los riesgos de ser mujer.
En la CSW, una ex consultora mencionó que los temas no cambian: desigualdad, brechas, representación. Pero ver nuevas generaciones le devolvía esperanza. Los problemas siguen, pero también quienes insisten.
Colaborar es vital aunque implica algo incómodo, salir del individualismo. Compartir y empatizar es, muchas veces, el primer umbral que todas hemos tenido que cruzar: salir de nuestra propia perspectiva, incomodarnos lo suficiente para tomar acción y decidir dedicar parte de nuestra vida a transformar estas realidades.
De una u otra forma, las mujeres que incidimos en temas de género terminamos encontrándonos: en trayectos compartidos en el transporte público, corriendo de una reunión a otra o en conversaciones que se vuelven red. Lo importante es no renunciar a habitar en comunidad.